Eufemismos de la oposición:”no es un paro, es una caravana”

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Todo comenzó el domingo, cuando algunos portales de noticias anunciaron que el pasaje sería aumentado a Bs. 60 desde este lunes 19 de septiembre..

Hugo Ocando, presidente de una de las líneas de transporte, aparece como el vocero de la información y quien de manera directa y sin tapujos lanzó la perlita. Entrada la noche de ese domingo, el ministro del Transporte y Obras Públicas, Ricardo Molina, a través de su cuenta de tuiter respondió diciendo que el incremento anunciado “sería violar la ley” 

El caso es que la advertencia ministerial se “posicionó” en la referida red social a media mañana del lunes, cuando ya la medida, unilateral e inconsulta, se estaba ejecutando, es decir no le “pararon” al ministro Molina, señal inequívoca de que en Venezuela vivimos en dictadura. El funcionario oficial sólo dijo que el aumento violaría la ley pero no ofreció al usuario ninguna otra alternativa.

Pésimo servicio

Ya veníamos cancelando Bs. 45, por un servicio realmente malo. Busetas destartaladas, inseguras, un verdadero insulto a la dignidad humana. A los conductores poco les importa llenar esos vehículos hasta mucho más de su capacidad, de modo que el gentío es trasladado como animales, soportando frenazos y altas velocidades, además de la tremenda inseguridad pues muchas veces los amigos de lo ajeno se montan libremente en las unidades y cometen sus fechorías ante la más absoluta impunidad…Nadie supervisa eso. ¡A nadie le importa!

Hace poco subí a una buseta que cubre la ruta Petare-Coche y al entrar noté que todos los pasajeros estaban literalmente “acostados”. Parecía que venían de un largo viaje y por eso habían reclinado sus asientos, para descansar. Pero no. Simplemente las butacas estaban fracturadas y el respaldo no se sostenía obligando a la gente a viajar así: acostada. Algunos (pocos) se quejaron y el chofer se limitó a decir que él no tenía dinero para reparar eso y que si no les gustaba que se bajaran o pagaran un taxi.

Chacao era un infierno

El conflicto del transporte reventó este martes. Los “buseteros” estacionaron sus vehículos a los largo de la Avenida Francisco de Miranda, es decir, trancaron esa importante arteria vial ¡y nadie se los impidió!.

La gente que salió a la calle a trabajar, a hacer gestiones personales o a comprar comida porque es el día que le toca por número de cédula, se encontró con la desagradable sorpresa. “Este carro llega hasta Chacaíto porque de ahí pa’allá todo está trancado”, nos dijo el conductor y cobró Bs. 45. Nos bajamos y el río humano avanzaba pesado hacia “el este del este”. El metro fue milagroso, así como el servicio de Metrobus que pudieron cubrir la necesidad de miles de caraqueños. ¡Gracias!

Los guarimberos de Chacao, amparados por el alcalde Ramón Muchacho arengaban a la gente: “¡Vamos pa’ la avenida. Hay que tumbar a Maduro, Vamos. Salgan!” Un grito de guerra que nadie obedeció porque en ese preciso momento llegó un cargamento de papel tualet a un negocio de chinos. Chacao era un infierno. La gente que hacía cola para comprar pan en las panaderías de la Av. Miranda se confundía con la otra fila, la que se hizo rápidamente donde los chinos que vendían 12 rollos de papel higiénico a Bs 630 y exigían “cash”. Entretanto, los choferes, montados en sus busetas, bebían café, jugaban cartas o dados, leían el periódico y chequeaban su celular, sin importar el caos que habían generado con su acción…Y al decirles: “Señor, este paro es ilegal”, ellos respondían: “¿Paro? esto no es un paro, es una caravana…” Y tal cosa fue avalada por los alcaldes de Chacao y Baruta. “Es una caravana”, dijeron a los medios…

Enamoramiento de tuiter

Quizás si la respuesta ministerial se hubiese dado en cadena nacional y no por tuiter, otro hubiese sido el resultado. Pero en sectores oficiales hay un enamoramiento de las redes sociales, especialmente de tuiter, en un paìs donde para el pueblo llano eso no es lo más prioritario.

Además, en Venezuela, según funcionarios de Conatel, la penetración de internet llega al 61%, pero en el último informe de la Cepal, nuestro país fue ubicado de penúltimo en velocidad de conexión. Pero hay más: según un estudio publicado por Tendencias Digitales, apenas 3 millones de venezolanos se conectan a la red del pajarito. Por todo lo cual no deberíamos descuidar otras formas comunicativas, especialmente cuando se trate de anuncios que atañen aspectos tan sensibles como los servicios pùblicos.

El problema de la tarifa de transporte ameritaba que el ministro saliera en cadena nacional de radio y TV diciendo: “El aumento de pasaje que están anunciando es ilegal. Se mantiene la tarifa de Bs. 45. No pague Bs. 60. El gobierno bolivariano está preparado para garantizar al transporte a su pueblo en caso de que se cumplan amenazas de suspensión del servicio”. Y entonces se hubiesen habilitado esos buses chinos, marca Yutong, que vemos parados en los grandes estacionamientos del tren de Cúa…Un mensajito de tuiter no era lo más recomendable. Quizás esté haciendo falta salir de las oficinas y dejar a un lado el móvil porque el mundo real, aunque usted no lo crea, ¡existe!

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De sicario de Pablo Escobar a celebridad de la MUD (Popeye, otro Nacho cualquiera)

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“Popeye” tiene ahora un arma más letal: las redes sociales

Nadie de la oposición se ha desmarcado de “Popeye” y por eso ya lo consideramos uno más dentro de la Mesa de la Unidad. Un Nacho cualquiera, una Gaby Espino, un Jared Letto.

“Lleva el pan a tu mesa pero sin sangre”. No es una frase del papa Francisco ni tampoco un salmo de la Biblia. Es el mensaje que escribe en su “bío” de twitter Jhon Jairo Velásquez Vásquez (a) “Popeye”, sicario del narcotraficante más sanguinario de Colombia, Pablo Escobar.

El hombre que por órdenes de su “patrón” mató directamente a 256 personas y planificó acciones terroristas que cobraron la vida de otras 3 mil (aunque él dice con absoluta frialdad que “cree” que fueron más de 50 mil) es el nuevo ícono mediático de la oposición venezolana, otra “celebridad” que se vale de su “imagen” para insultar a las instituciones venezolanas y a sus representantes.

“Popeye” tiene ahora un arma más letal: las redes sociales ya que el gobierno colombiano, luego de liberarlo, trata de mantenerlo a raya, sin cédula de identidad ni acceso a cuentas bancarias o al sistema de salud. ¿Qué importa eso? Tiene a twitter, a Youtube, a Instagram, a Facebook y lleva a millones su discurso de arrepentido dictando cátedra sobre cómo no delinquir. La cultura de la violencia nos ha permeado. Eso es evidente en los mensajes de apoyo que le envían. ¿Cómo controlar a “Popeye” si hasta quiere lanzarse como candidato a Senador y muchos de sus “fans” lo animan a que mejor opte por la Presidencia de la República?

En esta era de Internet ¿cómo se le llamaría? ¿Sicario 2.0? Velásquez es un “youtuber”. Su canal se llama “Popeye_arrepentido” y por allí difunde todas las entrevistas que le han hecho y también videos de elaboración propia porque se autodefine “documentalista” y de eso vive, según dice.

Desde ese canal “Popeye” le hizo propaganda a la “toma” de Caracas. Con un lenguaje procaz llamó “bruja” a la presidenta del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena, y acusó de “narcotraficante” al Jefe del Estado, Nicolás Maduro. De manera sistemática y diaria, el “buen sicario” se ocupa de Venezuela apelando al mismo discurso de cualquiera de los dirigentes opositores criollos. Leerle y escucharle es como estar ante un “cover” de Henrique Capriles, de Jesús “Chúo” Torrealba, de Lilian Tintori, de Henry Ramos o de cualquier fanático de la MUD que clama por un revocatorio, descalifica a Lucena y le dice “burro” a Maduro. El mismo guión, la misma “performance”. Francamente no hay diferencia.

Nadie de la oposición se ha desmarcado de “Popeye” y por eso ya lo consideramos uno más dentro de la Mesa de la Unidad. Un Nacho cualquiera, una Gaby Espino, un Jared Letto.

La notoriedad la adquirió gracias a las “narco novelas”, desde donde la industria del entretenimiento colombiano no ha tenido pudor para banalizar el horror que vivió (y vive) su propio pueblo. Lo demás lo han hecho los medios, los entrevistadores de oficio, los que buscan “rating” a costa de cualquier cosa y que han dado fama a engendros como “Popeye” que no es, precisamente, un juego de video aunque muy bien pudiera dar vida a cualquiera de los monstruos de Pokemon.

En las muchas entrevistas le hacen preguntas tan absurdas como “¿Qué es para usted la vida?” o “¿Usted sí está arrepentido de lo que ha hecho?” “¿Y, dígame, cómo es que hizo para poder escribir un libro dentro de la cárcel?” Recordé la primera guerra que vimos por TV, la Guerra del Golfo. La bellísima imagen sugería fuegos artificiales. Lloré cuando tomé conciencia de que estaba muriendo gente inocente y que lo estaban transmitiendo en vivo. ¿Era yo cómplice de aquello? “Popeye” no es una invención de la TV. Es peor porque es una abominable realidad que se metió en tu casa y en tu psiquis y que ahora las redes sociales lo convierten en un usuario “influyente”.

Esos son los peligros que azotan a Venezuela, los que apoyan a la oposición venezolana, los que intentan darnos lecciones de democracia, de defensores de los derechos humanos.

Decía hace poco nuestro defensor del pueblo, Tarek William Saab, que no nos extrañe si pronto se difunde un video de los Maras salvadoreños apoyando el revocatorio contra Nicolás Maduro o convocando a alguna de las bailoterapias de la oposición, pues ya habiendo dado el paso con un criminal confeso como Jhon Jairo Velásquez, cualquier cosa puede ocurrir. Si vimos a Lilian Tintori abrazada con el descuartizador aquel ¿Por qué no hacerse una selfie con “Popeye”? No es descabellado que quiera visitar Ramo Verde.

Las redes sociales son como una gran piscina donde todos, con identidades ocultas o no, estamos, a veces de manera ingenua, retozando, nadando, jugando y, de pronto a alguien no le da tiempo de ir al baño y, sin saber, te quedas allí inmerso en aguas contaminadas. Bueno, las redes están contaminadas…

Le escribí a Popeye un correo exigiéndole que no se metiera con Venezuela. Rápidamente me respondió: “Bueno lo hago porque no hay nadie que me lo impida (…)” Es verdad. Nadie se lo impide.

CORREO A POPEYE