“Sábado en la Noche”: la elegante manera de hacer periodismo servil


Globovision padece del síndrome Almagro. Es decir, ya en ese canal se ha perdido la idea de lo que es el periodismo serio (tal como le ocurre al secretario general de la OEA que ya no sabe para qué sirve ese organismo, si es que sirve para algo).

Hace unos días publicamos en este mismo medio las distorsiones de las cuales es objeto el periodismo en esa planta televisiva y esto lo ratificamos después de ver una cosa llamada “Sábado en la Noche”.

Ya otras voces han salido a defender a las mujeres “del gobierno” luego de que la esposa del presidente de la Asamblea Nacional, Diana D’Agostino, dijera que éstas andan desarregladas, sucias y sin maquillaje. Las tristes declaraciones de la señora son una muestra ínfima de lo que realmente es el fascismo, de la profunda brecha de clases que persiste en Venezuela, de la discriminación, el racismo y el deprecio social que esa oposición que pretende hacerse de nuevo con el poder es capaz de sentir y aupar.
Imposible guardar silencio ante eso.

Encontré el programa por Internet porque, de verdad, ni siquiera sabía que existía pero ahora que lo sé y lo vi, jamás perdería mi tiempo un sábado en la noche con algo tan miserable.

Alguien me comentó la entrevista, y antes de eso había leído un mensaje de tuiter del periodista Rolando Segura sobre el asunto pero cuando vi los tres segmentos del programa sentí, de verdad, tristeza al constatar cómo el digno oficio del periodismo, ese que García Márquez definió como “el mejor del mundo”, ha sido convertido en algo tan complaciente que raya en lo servil.

Las dos moderadoras, Rocío Higuera y Melissa Rausseo, porque no se les puede llamar periodistas (ni siquiera sé si lo son, tengo la esperanza de que no) estaban derretidas. Una fascinación enfermiza, sumisa, lisonjera, que la entrevistada percibió y aprovechó desde el primer momento para dejar caer, así, con descuidada elegancia, su verbo ensayado y hostil, muy al estilo del Sr. Ramos, lleno de frases que dan para buenos titulares de prensa.

Ambos vienen de lo mismo. Son adecos, y como adecos están acostumbrados a las zancadillas, a las deslealtades, al barraganato (término que puso de moda una de las víctimas de Mr. Ramos, Luis Piñerúa Ordaz, cuando defendía a Blanca Ibáñez la amante de Jaime Lusinchi), al juego político de donde han salido victoriosos. De modo que ese discurso descalificador no contradice lo que realmente son y representan.

Hay un estudio interesante del filósofo alemán Axel Honnet, su teoría del reconocimiento y del desprecio social, donde describe exactamente eso que le oímos decir a Lady Ramos. Ella cuidó sus palabras y aludió directamente a “las mujeres del gobierno”, para separarlas del común, pero ocurre que las mujeres que están en el gobierno son chavistas y en su mayoría vienen del pueblo.

Dice Honnet que esos sentimientos de desprecio nacen en las sociedades capitalistas y activan verdaderas resistencias políticas, despertando la moral de los agraviados y ésta se transforma en conciencia política. La conexión indudable que se dio entre Hugo Chávez y el pueblo fue precisamente que él reconoció al otro, tal como Paulo Freire lo argumenta en su Pedagogía del Oprimido: al reconocer al otro como sujeto histórico e igual estaba rompiendo con una característica propia del colonialismo, del capitalismo, del imperialismo, de las dictaduras militares, que institucionalizan el desprecio social.

Bueno, pero ahora es la Asamblea Nacional la que ha institucionalizado ese desprecio, es su forma de decirnos: “oye soy mejor que tú porque mi piel es blanca y mi pelo amarillo”, aunque la fortuna les venga, en el caso de los Ramos, de los jugosos contratos de construcción otorgados por los gobiernos adecos para autopistas y carreteras que estaban en permanente reparación. Nadie sabe por qué la autopista de Valencia nunca ha servido…

La industria del entretenimiento juega papel importante en esta historia. Primero llevaron al cantante Nacho a ser orador de orden ante el parlamento. No olvidemos que Jorge Rodríguez lo invitó a participar en “Suena Caracas” y, francamente, hubiese hecho menos daño desde ese escenario.

Ahora Lady Ramos es portada de revistas, de esas que quedan olvidadas en las peluquerías y, por supuesto, Globovisión no podía dejar pasar la oportunidad porque sabe que la información que interesa, y hablamos aquí de Comunicación Política, cuando algo muy importante está en juego, es la que se genera en el campo de la política, aunque se disfrace de entretenimiento o banalidad.

Tengamos presente que el enemigo no está jugando y que sigue un guión muy bien estructurado. El campo de la política está compuesto por: una escena; actores; una estructura dramática y coyunturas políticas. Eso lo estamos viendo todos los días en Venezuela, especialmente con las mujeres opositoras convertidas en líderes de opinión, y gente del ámbito del entretenimiento capaces de jugar los dos roles.

La comunicación, en ese campo, es sólo un hilo conductor y transmite el mensaje dirigido a la gente que “compra” el drama. Ese es el rol de Globovisión.

La memoria colectiva

El discurso de Lady Ramos fue éste: “(…) Porque el gobierno está acostumbrado a que sus mujeres estén desarregladas, estén sucias, anden…tu sabes… sin maquillaje. No, mira, las venezolanas no somos así (…) nos gusta arreglarnos (…) Yo me visto como yo quiera porque lo que yo tengo me lo ha dado mi marido entonces yo no le he quitado nada a nadie para vestirme, a diferencia de las mujeres del gobierno…” (o sea que hasta ladronas las llamó)

Las moderadoras, encantadas con aquello, lo complementaron con frases como “y también muestras la belleza, porque ser bella no es malo” o “ser rico no es malo”. La presentaron como “un orgullo para las mujeres luchadoras de Venezuela”.

“No voté ni por el difunto ni por el otro”, no mencionar ni a Hugo Chávez ni a Nicolás Maduro, es una forma de no reconocerlos.

Pero el servilismo de una de las moderadoras llegó al extremo cuando le dijo que “el país ha querido recordarla como la primera dama de la República” y que ya eso era así en “la memoria colectiva” de los venezolanos, aunque a ella no le guste.

La Madame, bañada en agua de rosas, replicó: “No es que no me guste, es que ese título no existe. La única primera dama es la primera dama de la República, que no la tengamos es otra cosa ¿no? Pero ese es el título para la esposa del Presidente de la República”. A falta de títulos le dieron otro: “la suegra platónica”

La lisonja siguió ante la falsa modestia, y las conductoras del programa (que por cierto ni saben dónde queda el Palacio Federal Legislativo) chillaron: “A lo mejor es un preludio, a lo mejor es que la gente está proyectando desde ahora…no sabemos…no sabemos”

La despidieron diciendo “muchísima fuerza, muchos estamos contigo, con la lucha y esto lo digo sin alzar ninguna bandera política (…)”

¿No es hora ya de borrar todas esas felicitaciones que gente del gobierno y del Gran Polo Patriótico ha hecho a Globovisión, por ser un canal donde prevalece el “equilibrio” periodístico? ¿Usted cree que eso es equilibrio?

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Un pensamiento en ““Sábado en la Noche”: la elegante manera de hacer periodismo servil

  1. Pingback: A propósito de Ruanda: no me quieras tanto Globovisión

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