Las zapatillas de Simón


¿Tu cédula está como mi suegra? ¿Arrugada, torcida y escarapelada? ¡Yo te la reparo en un santiamén…! El hombre que dice eso va con un carrito a motor y un micrófono por todo el boulevard. La gente ríe. Estamos haciendo la cola para comprar helados en el Coppelia. Nadie habla de la crisis ni del dólar ni de la escasez, ni mucho menos de la huelga de hambre de Leopoldo López…¿Quién? ¿Leopoldo qué? coppelia  ¿La mujer de quién? La cola es larga pero ¿qué importa?. Al fin llegamos a la caja y pedimos: dos “tres gracias” por favor…El “tres Gracias” son tres pelotas de helado de chocolate con un pirulín de adorno y lluvia de confites. Además lo sirven en un barquito de plástico que me traje pa’la casa. Salimos de allí con la alegría de un niño. El Coppelia está entre las plazas Bolívar y El Venezolano.

Venimos de almorzar en un sitio llamado “Con Cariño” (lo recomiendo) y de verdad te atienden con cariño. Buena comida, ambiente parisino en el corazón de Caracas. Una chica canta bossanova, le acompaña un guitarrista, y otra danza por entre las mesas regalando flores. El gentío se arremolina frente al restaurant para verlas.

con carinoEs barato. Pedimos “Pastel Louise” y te frío de flor de Jamaica. Imagen165 La brisa te bate el pelo y la música invade todos los espacios. La chica que canta pide plata con desenfado y a los que le dan les da el título de “mis patrocinantes”…Apenas es mediodía pero Caracas está, de verdad, hermosa, luminosa, vivible; sol radiante, cielo despejado, clima privilegiado. ¡Es viernes!

Muy cerca está la Casa Natal de El Libertador y también el Museo Bolivariano. Aunque son muchas las veces que hemos ido allí y llevado a nuestros hijos, volvemos por nuestros pasos…

Simón…

El Museo Bolivariano está renovado. Hay cosas de Simón que no había visto o no recuerdo haber visto. Por ejemplo unas zapatillas suyas me llaman la atención, incluso la izquierda tiene el talón aplastado, como cuando te pones un zapato apurada y no terminas de calzártelo…Así quedó: con el talón aplastado y así mismo los metieron en esa caja de cristal. ¡Se me antojan tan pequeños! Me pregunto cómo es que un hombre de su grandeza usó esos zapaticos!!

Estos zapatos no son mios son de Simon Bolivar

Zapatillas de Simón…

Hay allí muchos objetos de Simón: sus charreteras; unos pantalones rojos como de lycra, muy pequeños. Unas botas altas, grises; una casaca elegantísima, gris también; hay un pequeño bolso de mano hecho en terciopelo negro y dorado y una cosa para guardar las pistolas; han rescatado las hojas de afeitar y la leyenda dice algo como: “El Libertador se cuida. Se baña mucho; cuida su cabello y sus dientes; se afeita él mismo cada dos días”

Subimos al segundo piso de la vieja casona y allí están las batallas y los implementos que usó en ellas: hay pistolas, sables, uniformes; cañones y sus balas…Hay también unas cadenas como las que llevaban los esclavos. Se pueden manipular. Son pesadísimas…¡Dios, cómo pesan! Te las pones al cuello, así como a ellos se las ponían. No me imagino cómo pudieron soportar ese peso por días, noches, años enteros…Los grilletes también te los atas a los tobillos. Mover la pierna es casi imposible con eso allí…

Las batallas de Simón

En otro salón dan detalles sobre las batallas. Por ejemplo, cómo atendían a los heridos de la guerra. El 21 de febrero de 1814, Bolívar crea el Hospital de La Victoria, dirigido por el Dr. Miguel Rodríguez. habían tres cirujanos y seis enfermeras para el cuidado de los soldados caídos. Por esos años el temible José Tomás Boves provocó sangrientos enfrentamientos.

En una pared se ubican carteles explicativos de todo lo que costó nuestra independencia y verlo allí parece muy poco pero fueron ocho años de guerras, batallas, muerte y sacrificio. La frase de Chávez “Tenemos Patria” cobra mucho más sentido cuando tomamos conciencia de todo lo que costó llegar hasta nuestros días y que la oposición, esa masa ciega. ignorante y estólida, trata de burlar cuando usa aquello de “tenemos patria pero no papel tualet”…

En Trujillo, Simón lanza su Decreto de Guerra a Muerte, el 15 de junio de 1813. Viene de la Campaña Admirable (14 de mayo de 1813) que inició en San Antonio del Táchira con apenas 600 hombres.

El 30 de septiembre de 1813 tuvo lugar la Batalla de Bárbula, con 500 patriotas; luego la de Vigirima, el 23 de noviembre de ese mismo año y un ejército patriota de 1.700 hombres.

Un par de semanas más tarde, el 5 de diciembre de 1813, se escenifica la Batalla de Araure, con 3.700 soldados y el 12 de febrero de 1814 es la gloriosa Batalla de La Victoria. Ya contábamos con 2.000 patriotas contra 4.000 realistas.

La batalla de San Mateo la libran 2.200 hombres, el 25 de marzo de 1814.

La de San Félix, al mando del General Manuel Piar, con 2.200 soldados patriotas es el 11 de abril de 1817, la misma fecha que aquel aciago año de 2002. Doble victoria: en 1817 y en 2002. El presidente Chávez honraría esta victoria 200 años más tarde, con la “octava estrella” en nuestro tricolor, esa que los “escuálidos” se niegan a reconocer.

Y la magna, la que nos libró del yugo español: Carabobo, el 24 de junio de 1821, al mando de Simón Bolívar con 6.300 hombres…En este cartel colocan el brazalete que llevaban los hombres de nuestro ejército libertador…El mismo que usaron durante la rebelión del 4 de febrero de 1992, Hugo CHávez y sus valientes…

Bueno, todo eso lo podrás ver en ese Museo…En el último piso el recorrido no puede ser más doloroso. Se recrea la enfermedad y muerte de Simón y además podrás ver un video con la exhumación de sus restos y otros detalles. Está el cajón de metal de donde extrajeron su cuerpo para examinarlo a petición del presidente Hugo Chávez…Están también sus últimas proclamas y hasta partes de su testamento (“dejo unas minas en Aroa y unas alhajas…”); se habla de aquel movimiento divisionista La Cosiata (o Revolución de los Morrocoyes); la posterior renuncia de Simón como Presidente de Colombia en un último esfuerzo por preservar la paz. Yo creo que por allí andan los orígenes de la MUD, ya desde allí venían echando varilla…

Hay fragmentos de algunas cartas de Simón donde evidencia sentirse tan mal “que he perdido el gusto por la vida”, decía. “Necesito con mucha urgencia un médico y de ponerme en curación formal para no salir tan pronto de este mundo”, escribió en una misiva a Mariano Montilla el 27 de octubre de 1830…Lo demás es historia conocida.

A través de un facsímil llegó a Caracas la información de su muerte el 5 de febrero de 1831. El fallecimiento del hombre más grande que ha parido Venezuela se ignoró casi por completo y pasaron muchos años antes de que todo el pueblo conociera finalmente la triste noticia…

Queda su enorme legado al cual no rinden honores esas zapatillas que acaso usó para saltar de la cama.

Nuestro Simón murió en Colombia y Hugo Chávez se encargó de visibilizarlo y sembrarlo definitivamente en nuestros corazones, tras años de silencio histórico…

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Recordando hoy a “MJ”


Muy a propósito de la guerra racial que pregona ahora el Ku Klux Klan en Estados Unidos…Make it a better place…

Man In The Mirror

This Is It

Heal The World

Thriller

Human Nature

Y la mejor…(Para mí)

Smooth Criminal

“Yo vivo de tu bolívar”


Angie es una chica colombiana de apenas 26 años. Todos los días levanta su tarantín en el sitio llamado “La Parada”, Cúcuta, a pocos metros del Puente Internacional Simón Bolívar y en las narices de la aduana colombiana.

La encontramos sonriente a pesar del calor en la zona. Claro, ella se abanica con un fajo de billetes venezolanos…

billetes

Foto: Luisana Colomine / Leyenda: Angie, una cambista que opera en La Parada, Cúcuta, Colombia

En contexto…

En San Antonio del Táchira es casi “misión imposible” conseguir comercios que usen “puntos de venta” para pagar con tarjeta de débito o de crédito. Lo pudimos constatar durante nuestra estancia en esa ciudad, como parte de un trabajo de campo sobre Periodismo de Frontera, con estudiantes de Comunicación Social de la Universidad Bolivariana de Venezuela.

Fue difícil encontrar algún restaurant con esa modalidad de pago y luego de mucho buscar encontramos que sólo los sitios de comida rápida cuentan con su “punto”. De resto por doquier se lee: “No hay punto. Sólo efectivo”. ¿La razón?: nuestros billetes de Bs 100 y Bs. 50 son realmente codiciados para negociarlos de manera ilícita y obtener jugosas ganancias. Una práctica que se ha ido perfeccionando, y que en primera instancia era usual en los ciudadanos colombianos ( no pierdo mi capacidad de asombro ante su creatividad) pero que ahora, lamentablemente, se generalizó en los venezolanos también, es decir, todo el mundo está en esa jugada. Lo importante es ganar dinero fácil, sin trabajar mucho y de manera rápida y segura. Lo otro es que los billetes logran pasar al otro lado y en grandes cantidades…

La pregunta es ¿Por qué la Asociación Bancaria Nacional o el Banco Central de Venezuela no intervienen?. Cada vez que nos tocó pagar en efectivo alguna comida, el dueño del negocio estaría sacando cuentas de las ganancias que le esperaban. Con cada billete de Bs. 100 que veía le brillaban los ojos, como el diente de oro de Pedro Navaja.

En ese paso fronterizo los billetes venezolanos sirven para: 1) ser vendidos en casas de cambio en Cúcuta. La ganancia en bolívares es rápida y te la depositan directamente en tu cuenta bancaria. Si es Banesco mejor; 2) Ser vendidos por cambistas “piratas” a colombianos que necesitan comprar productos venezolanos subsidiados. Se les vende más baratos que las casas de cambio “legales” que por cierto fijan su tasa según la pauta del portal Dólar Today; 3) Ser cambiados en Colombia por pesos colombianos que luego reingresan a Venezuela para comprar bolívares.

Yo vivo de tu bolívar…

La frase me estremece. Le pido permiso para tomarle la foto y ella posa sonriente. Y es que tengo que preguntarle…

¿En qué consiste tu negocio?

– El negocio es que vendo bolívares. En días muy buenos puedo llegar a vender hasta mil bolívares y con eso me hago yo hasta siete mil pesos. En la semana la ganancia es muy buena y a veces saco unos 60 mil o 70 mil pesos en la semana.

¿Y a qué tasa los vendes?

.- Depende de cómo esté abajo (en Cúcuta) y de cómo nosotros lo recibamos, y poco a poco va quedado la ganancia. Los fines de semana y fines de mes el bolívar sube más porque pocas casas de cambio abren y entonces nosotros ganamos un poquito más.

¿Y eso es legal? Digo la policía colombiana está allí mismo. ¿No te meten presa?

– Legal no es, claro, pero a nosotros nos dejan y siempre le pasamos algo a ellos…

¿Si sacas 60 mil pesos a la semana entonces al mes…?

– Como 500 mil pesos…Este es mi trabajo, vivo de esto.

¿Cómo te llegan los billetes?

(…) Se traga una sonrisa con picardía y no responde…

¿Entonces eso de que el bolívar no vale nada? ¿Para ti sí vale no?

– Yo vivo de tu bolívar…

La entrevista se suspende porque una dama colombiana llega en moto para comprar bolívares. Va con un niño de parrillero. Ella lleva casco pero él no. Me mira feo cuando le tomo la foto mientras Angie le vende los billetes.

¿Para qué compra billetes?, le pregunto

– Es que voy a la peluquería, me sale más barato en San Antonio…

¿Cuánto va a comprar?

– Necesito 600 bolívares. No me tome fotos.

¿Y porqué no los compra en una casa de cambio?

– Ah es que ella es mi amiga…

vendiendo (2)

¡No me tome fotos!

En dos minutos, Angie se ganó 600 pesos. No pudimos seguir hablando porque llegaron más clientes. Antes de eso me dijo que ella estudia Servicio Farmacéutico y que vendiendo bolívares no sólo se paga los estudios sino que ayuda a su familia.

Las colas en los cajeros

La peor idea que se les ocurrió a los estudiantes Ana Purroy y Héctor Serrano, fue sacar plata de un cajero automático allá en San Antonio del Táchira. Ambos ubicaron uno del Banco de Venezuela y tuvieron que hacer al menos dos horas de cola. De esa experiencia Ana construyó el siguiente relato que cierra (por ahora) la serie de reportajes sobre la frontera más caliente de América Latina:

“En la plaza Bolívar de Cordero, en San Antonio del Tachira, se vive a diario una situación totalmente irregular a causa de largas colas para obtener efectivo de los cajeros automáticos. Según vecinos del lugar, a veces te puedes tardar hasta seis horas para hacer una transacción debido a la tremenda demanda de los billetes venezolanos. A nosotros nos tocó rogar para que nos dejaran sacar algo de efectivo.

Se trata de uno de los modus operandi para la extracción de la moneda venezolana a Colombia. Nuestra moneda es cambiada por pesos en Cúcuta y regresa a San Antonio para de nuevo comprar bolívares. Es extraño el trueque pero se debe a que por cada mil pesos cambiados en Venezuela  el porcentaje de ganancias es de un 25 a 30%.

La práctica en los cajeros se hace de la siguiente manera: de una cuenta personal se pueden hacer hasta tres transacciones y sacar cada vez hasta Bs. 600. Dos de las entidades bancarias (Venezuela y Banesco) permiten obtener Bs. 20 mil pero como no los da en el mismo instante hay que meter las tarjetas varias veces. Una persona llega al cajero con más de una tarjeta de bancos diferentes y así puede sacar tres veces con cada una. El otro negocio es que hay personas que se ofrecen a hacer la cola y le pagan Bs 600 por cada tarjeta, es decir, si tiene seis tarjetas de seis bancos diferentes, se gana hasta Bs. 1.200,00. Hay gente que vive de eso, de hacer colas en los cajeros de San Antonio del Tachira..

Esta era una práctica que solo la realizaban los  colombianos pero ahora  la adoptaron los venezolanos también y nos preguntamos si las autoridades venezolanas competentes están al tanto de este procedimiento ilícito ya que mientras estuvimos en la cola notamos la presencia de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) cerca del cajero pero nunca intervino pese a que era evidente la irregularidad.”

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Feliz día a todos los papis del mundo


Mi viejo

Feijoo Colomine Solarte

El mío, Feijoo Colomine Solarte, estará jugando dominó (no precisamente en el cielo de los católicos) con su pana Alexis Márquez Rodríguez, quien se unió al mismo plano recientemente.

Estarán recordando los tantos viajes que hicieron juntos a Madrid y al mesero aquel que año tras año les atendía en un hotel llamado Ópera donde siempre llegaban. Estarán recordando el día que a mi papá le robaron sus viejos zapatos que llevó puestos desde Venezuela pues se compró unos nuevos allá metiendo los viejos en la bolsa de los nuevos. No soportó a los nuevos pues eran unos verdaderos grilletes, unos muy elegantes grilletes, entonces se sentó en un banquito de una plaza madriieña para descansar sus pobres pies y colocó a un lado la bolsa de los nuevos con los zapatos viejos dentro. Después de un rato decidió sacarse los grilletes y ponerse de nuevo los viejos y cuando trató de alcanzar con su mano izquierda la bolsa ya alguien se le había adelantado: ¡lo robaron en la España, la mismísima España de Franco!, le habían robado sus viejos zapatones y seguro que el ladrón estaría mucho mejor que él y sus nuevos grilletes…Bueno…Papá llegó en medias al hotel y el resto del viaje anduvo en pantuflas. Nunca más usó los grilletes, que se quedaron bien guardados en el closet, en la caja que era de sus viejos zapatones..
Te extraño papi amado (Tu Ñucu). Te dedico tu canción favorita, la que me hacías cantar con la guitarra. ¿Te acuerdas?. Nos vemos, por ahí…

Venezuela: un país donde el “no” es “sí”


En estos días trataba de recordar la melodía de una canción pero sólo su letra me venía con claridad: “¿Por qué tus ojos me dicen que sí y tu boca que no?”…Son las contradicciones que lleva en sí mismo todo ser humano. Imagino una fila de carteles: “no pase” “no pise la grama” “no haga ruidos molestos” “no coma” “no duerma” “no viva”…Y en el último se lee “este cartel anula todos los anteriores”

Venezuela es un país así, como esa canción, como esos carteles. Un país hermoso en su locura y en su despelote, y eso es lo que más te hace extrañarlo cuando te alejas de él un ratico. Los sistemas más perfectos se vuelven aburridos cuando ya debes soportarlos por más de dos días. Como aquella vez en Buenos Aires cuando, acostumbrada a parar los buses, o las destartaladas “busetas”, en cualquier parte de Caracas, alcé mi mano repetidas veces cada vez que aparecía un autobús. Por supuesto que no se detenían y alguien me dijo: “tenés que ir hasta la parada porque aquí echarás raíces”…Así lo hice. Me fui a la parada y al fin tomé un bus hasta Corrientes. Porque allá los buses usan las paradas. Lo segundo fue intentar pagarle al chofer con un billete de 20 pesos porque no tenía más “menudo”. “De dónde eres morocha? Tenés que meter una monedita allí” Y me mostró algo así como una taquilla “inteligente” que sólo recibía monedas de 10 o 25 centavos, no recuerdo. Es decir allá el chofer sólo hace su trabajo: conduce el bus y ya. “Pague al subir”, dicen acá en Caracas, pero todo el mundo paga “al bajar” y el transporte se detiene a veces hasta 10 minutos esperando que la gente pague, y el conductor siempre lleva en su mano izquierda un fajo de billetes para dar “el vuelto” pues él tiene que conducir, cobrar, dar vuelto y pararse donde le sacan la mano. Y cuando te habitúas al orden justo de las cosas, regresas a Venezuela y tienes que desacostumbrarte para seguir con el bochinche…

Bueno y así es todo. Si vas al municipio Sucre, reino del alcalde Carlos Ocariz, verás por todas partes letreros de “Prohibido botar basura”, que casi no se pueden leer completo porque la basura casi los tapa. En el ferro de Cúa te advierten en el sistema interno de megafonía: “se prohíbe la buhonería y las ventas informales” “absténgase de consumir alimentos en este vagón”. Pero los vendedores igual ofertan su mercancía, todos esos carbohidratos que la gente se traga allí mismo en el vagón. “Bueno mi gente, ya saben, no echen los papeles en el piso, sean conscientes”, dicen al escuchar el mensaje. Esos mismos vendedores mientras el tren va rodando, atraviesan hacia el otro vagón por una puerta donde una mano abierta y de color rojo advierte:”PROHIBIDO PASAR”. Un día yo también lo hice: atravesé todo el tren por esas puertas, es decir, incumplí la norma y nada pasó.

Es decir basta que te digan NO PASE, para que pases; NO ESTACIONE, para que estaciones; NO FUME, para que fumes. El problema de las normas es que si no se penaliza su no cumplimiento nadie les para. Hoy un amigo me contaba una anécdota que él atribuye a Vladimir Illich Lenin. Resulta que a Lenin y a otro comunista los venía persiguiendo un policía. Esto fue en Alemania. Los dos perseguidos entraron a un parque y de pronto apareció un letrero: “NO PISE LA GRAMA”. Lenin dudó al verlo pero no le hizo caso y le saltó por encima pisando la grama. El otro comunista se desvió para respetar la norma y lo mismo hizo el policía, dejando de perseguir a Lenin. Lenin pensó como un revolucionario, como ese que está en contra de lo establecido y por eso no le importó pisar la grama, logrando escapar. Su amigo comunista, en cambio, fue alcanzado. Como buen alemán, al igual que el policía, respetó la norma y eso, según mi amigo, le costó la vida…

Por favor, no lea este post…

Para los que conducen programas de radio y tv revolucionarios y escribimos artículos de opinión.


Blog de Martorano en WordPress.

*JUAN MARTORANO.

Hace algún tiempo, algunos compañeros y compañeras me hacían comentarios referidos a los aportes que modestamente este servidor ha hecho, y los han comparado con trabajos de otros articulistas. Sin duda habrá gente que le gusta el estilo o los temas que he planteado, a otros tal vez no, lo que sí sé es que he tratado de expresar lo que me dicta mi conciencia y siempre teniendo muchísimo respeto por las personas a las que va dirigido el artículo.

La comparación con otros artículos ha sido porque me han expresado varias de las personas que me siguen a través de estas líneas, que hay algunos articulistas que se dicen ser revolucionarios y con poses intelectualoides, pero que su estilo y “crítica” es muy parecida a la de la derecha, a la de la oposición. No soy quien para determinar o juzgar a esos “escribidores” como le oí…

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En Cúcuta provoca agarrar nuestros productos y traerlos a Venezuela


BRIGITTE 2

Brigitte Mendoza, estudiante del último año de Comunicación Social (UBV)

Parte de la crónica escrita por la estudiante de la UBV Brigitte Mendoza, del grupo que viajó a la frontera el pasado 4 de junio

En el III Foro sobre “tratamiento de la información periodística en zona de frontera”, impulsado por la Universidad Bolivariana de Venezuela, y que tuvo lugar el pasado 5 de junio, logramos conocer las distintas formas de pasar alimentos y productos venezolanos a Colombia a través de trochas, vehículos, bicicletas, motos y también adheridos al cuerpo humano.

A plena luz del día es increíble cómo más allá de los controles oficiales, estos grupos organizados surten sus negocios y revenden veinte veces más caro los víveres que extraen ilegalmente de Venezuela.

Una Respuesta Legal

El 03 de marzo de 2015 en el Palacio Legislativo, la Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, anunció que “el Ministerio Público trabajó activamente para hacer efectiva la responsabilidad de las mafias organizadas e incautar alimentos y material estratégico. Fueron aprehendidos por esos casos 2.606 personas, entre ellas se acusaron a 1.019 de las cuales ya han sido condenadas 218 por admisión de los hechos, es decir, aceptaron y reconocieron que sí habían incurrido en el delito de contrabando”

El segundo comandante de la GNB en San Antonio del Táchira, Mayor (GNB) Abraham Suárez, reveló durante el foro realizado en la sede del Destacamento 212, que es preocupante el incremento de mujeres contrabandistas de ambas nacionalidades, es decir, venezolanas y colombianas porque asumen que no serán revisadas por los funcionarios.

BACHAQUEO FEMENINO

Banda “Las Comadrejas”

Estos grupos, según expuso el Mayor Suárez, se organizan para degradar a la sociedad venezolana burlándose insolentemente, trasladando de manera ilegal  los productos básicos que además están subsidiados por el Estado Venezolano, y que para el mercado interno colombiano representan un mayor valor.

En Contra del bando

Cuando cruzas la frontera y caminas por el Centro de Cúcuta y por el sector llamado La Parada, los colombianos ya sea de forma intencional o no, te tocan la fibra humana del nacionalismo, lo que decimos sentir cuando estamos en un país ajeno. Hay que saber canalizar las emociones al ver cómo todos nuestros productos básicos los tienen ellos porque sinceramente lo que da son ganas de llorar, agarrar esa mercancía y traerla arbitrariamente a nuestro país, como muchos de ellos lo hacen para revenderlos a sobreprecio.

“¿Cuándo van a sacar al…?”

No es fácil asimilar que desde un micrófono te identifiquen como venezolano y te griten en plena calle de Cúcuta: “¿Cuándo van a sacar al loco de Miraflores?” o “hágame el favor y respete” por tan solo tocar los productos; o cuando entras a estos llamados “supermercados” y preguntas por una gelatina mediana para cabello te respondan que cuesta $ 3500 lo que equivale en nuestro país a Bs. 500; O un suavizante de 2 litros a $17.500 y al cambio  son Bs.2.500. El desodorante MUM lo venden en $ 1000, es decir, Bs.142,85: El aceite Mi Casa producido en Venezuela por la Misión Alimentación desde el año 2003 y distribuido en la red Mercal también cuesta $1000 (Bs.142,85) mientras el precio justo es menor a Bs. 50. Hay que ver para creer la gran usura que está afectando  al país y que el sentido de pertenencia de defender lo que es de nosotros se avive nuevamente.

Puedes ver cómo todos los negocios están  abastecidos pero nadie compra ¿Por qué? Porque no todos los colombianos tienen acceso a eso. Y porque siendo venezolano (sí se es nacionalista) jamás actuaremos para contribuir con esta guerra sucia.

Ver a cada cuatro metros de distancia estaciones de gasolina llamadas pimpinas o bidones en el Barrio la Parada es considerado algo normal en ese lugar. Estos negocios propician el contrabando desde sus mismos hogares, pues hay casas que son mitad hogares, mitad depósitos y mitad negocios. Donde poseen desde medicinas hasta pañales para bebés. Eso nos da un indicio del por qué nos miran de mala manera, nos insultan, nos creen seres dominados por ellos.

Los dueños de estos negocios trabajan horario corrido, tienen cuando mucho tres personas bajo su cargo, en su mayoría son de nacionalidad colombiana. Presenciar la participación de venezolanos en el contrabando, verlos descargar nuestros productos desde un carro con placa colombiana, y entregarlos al dueño del local sin mediar palabra (como si nada), nos permite comprobar que es algo normal y que su recompensa económica la tienen en sus cuentas venezolanas.

Este tema tan complejo puede ser abordado desde distintas ciencias sociales permitiendo visibilizar la problemática que afecta directamente a la sociedad venezolana, y que a través de herramientas factibles se sigan incrementando políticas públicas viables para minimizar y lograr acabar el contrabando de extracción.