Almagro a la 1

Minientrada


De todos los géneros periodísticos el más apasionante es la entrevista, porque como método indagatorio (según definición de la profesora Olga Dragnic) permite obtener valiosa información o dibujar la personalidad de quien tengamos enfrente.

“La más pública de las conversaciones privadas” (Jorge Halperin), la entrevista, se la ha debilitado en esos programas matutinos de nuestra TV en general, hasta convertirla en una amigable e inocua conversación de donde el único que no sale ileso es precisamente el usuario, el que lee la entrevista, el que la escucha, el que la ve. Ya hemos hablado de esto en otros artículos pero nunca nos cansaremos de abordar el tema, especialmente para que las nuevas generaciones de periodistas puedan “salvar” a este maravilloso género y traerlo de nuevo al periodismo crítico.

Ser periodista, entonces, implica no sólo estar en la noticia día a día sino saber exactamente cuál es el entrevistado o entrevistada más pertinente en determinado momento y en eso no le mezquinamos a Vladimir Villegas su capacidad de tener cada día precisamente al que queremos escuchar. Claro que los periodistas de Globovisión, mimetizados, bien con su medio o bien con su preferencia partidista, se transforman en “Cruela de Vil” ante un chavista o “Barnie” frente a un opositor y eso precisamente fue lo que vimos en la entrevista a Luis Almagro, jefe de la Organización de Estados Americanos, el hombre que representa no a 34 países sino a la oposición venezolana ante ese organismo. Alto pana de Lilian Tintori, de Leopoldo López y de Henry Ramos Allup. Almagro, el que está pidiendo que se le aplique a Venezuela la Carta Democrática Interamericana, ayer salió “liso” de esa entrevista (ni siquiera le leyeron los tuits) y vimos a un Vladimir inusitadamente amable, lanzando, además, pregunticas sobre “Delcy” (sabemos que el tema favorito entre hombres somos las mujeres, pero se trata de la Canciller venezolana) al punto de que con cierto sonrojo el uruguayo al final pudo zafarse del chisme con maestría de viejo zorro político…

Y es que el usuario,  el ciudadano común y corriente, el que no puede llegarle a esos personajes, espera que el periodista haga las preguntas que están en el aire, es decir, si algo rescatamos del periodismo norteamericano es que los periodistas somos “los perros guardianes de la sociedad”, “ojos y oídos de la sociedad”, pero ese rol ya casi no se ve.

Por ejemplo Almagro habló de que en Venezuela no hay separación de poderes, pero no se le preguntó su opinión acerca de lo que dijo el actual Presidente de la Asamblea Nacional cuando se juramentó: “sacaremos a Maduro en seis meses”. Tampoco se le planteó que ese Parlamento intenta ser un Estado paralelo, torpedeando permanentemente las iniciativas del gobierno central; designando nuevos magistrados del TSJ o incorporando diputados de manera ilegal.

Se le interroga sobre si la Carta Democrática Interamericana se está aplicando o no, sin antes poner en la mesa el hecho de que ese instrumento se activa sólo cuando hay una “alteración del orden constitucional” (artículo 20 de la CDI). No se le preguntó a Almagro: ¿En Venezuela hay una alteración del orden constitucional? Al menos eso lo hubiese puesto en aprietos pues pese a las predicciones de Ramos Allup (quien por cierto le quitó el puesto a Adriana Azzi), Nicolás Maduro sigue siendo Presidente.

El jefe de la OEA se amparó todo el tiempo en su informe de 137 páginas pero nunca se le preguntó cuáles fueron sus fuentes, lo cual hubiese sido deseable para poner en evidencia el sesgo del documento sobre el cual se sustenta uno de los mayores atentados a un país libre y soberano como Venezuela.

Sobre el proceso de diálogo, la pregunta buscaba, con toda intención (y casi lo logra Villegas) una respuesta que descalificara a los ex presidentes y al propio diálogo. En este aspecto Almagro habló como cualquier miembro de la MUD y quedó en el ambiente un sutil velo que evidentemente empaña la actuación de los mediadores, especialmente de Rodríguez Zapatero.

Ya casi para concluir estas reflexiones, y a propósito de que se trataba de dos diplomáticos en amena charla, recreamos la frase del periodista austríaco, Karl Kraus (1874-1936), quien escribió: “La diplomacia es un juego de ajedrez en el que a los pueblos se les da jaque mate”.

Bueno, en esa entrevista se le dio un jaque mate al periodismo, por eso en vez de “Vladimir a la 1” lo que vimos fue “Almagro a la 1”.

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Y…¿Qué dice el Ministro venezolano de Frontera y Paz?


“El sonido más fuerte es el silencio” (Lao Tsé)

En comunicación política, se denomina “de bajo perfil” al conjunto de estrategias basadas en limitar las acciones y, más concretamente, en “restringir la agenda mediática de determinados elementos”, ya sean partidos, candidatos o instituciones (Rubio, 2012).

Quizás esa estrategia, en una campaña que en publicidad llaman “de intriga”, funcionaría muy bien, especialmente cuando se nos quiere presentar un nuevo producto. Pero en una nación que limita con 14 estados, que tiene 5.161 kilómetros de frontera con tres países, Colombia, Brasil y Guyana, más las zonas limítrofes marítimas, el silencio es un “ruido” que puede afectar el ánimo de todo un pueblo.

En septiembre de 2015, el presidente Nicolás Maduro creó la misión socialista “Nueva Frontera de Paz”, con varios objetivos:“primero la seguridad, limpiar de paramilitarismo y narcotráfico, y segundo repoblar la frontera”, según dijo el Jefe del Estado desde Nueva Esparta, e hizo un llamado a las familias jóvenes venezolanas para que se fueran “a vivir y a producir” en la frontera.

Maduro prefirió crear una misión en vez de un ministerio pero igual designó como “ministro de Estado”, jefe de la citada misión a un militar: Gerardo José Izquierdo Torres, quien se ocuparía también de la secretaría ejecutiva de Asuntos Fronterizos. En la Gaceta Oficial número 40.744 quedaron las decisiones.

En el decreto presidencial 2.011, el General Izquierdo Torres, quien también se desempeñó como Comandante General del Ejército, tendría las siguientes funciones:

a) proponer al Consejo de Ministros políticas públicas relacionadas con la construcción de la nueva frontera como espacios de paz, desarrollo, dignidad y el buen vivir en el territorio del país;

b) coordinar la ejecución de las distintas políticas públicas del Ejecutivo y su influencia en las áreas fronterizas, a partir de las particularidades geográficas, culturales, históricas, económicas y sociales;

c) realizar actividades que propicien la integración, la paz y la unión de los pueblos en las áreas de fronteras;
d) apoyar e implementar las acciones definidas por la Comisión Presidencial de Estado para la garantía de la integridad territorial y asuntos limítrofes;

e) participar en los grupos de trabajos que se constituyan con la finalidad de construir regiones o subregiones fronterizas para asegurar su desarrollo socio-productivo o la seguridad de la nación.

Mucha agua ha pasado bajo los puentes (especialmente los de la frontera colombo-venezolana) desde la fecha en que fue creada la misión y designado su jefe, pero hasta ahora no se conocen los planes que seguramente habrá presentado ya el General Izquierdo.

No sabemos tampoco si las familias “jóvenes” venezolanas se fueron a poblar la vasta frontera colombo-venezolana o si ésta sigue en poder de los desplazados-refugiados-ilegales colombianos.

Según el portal Colombianos en Venezuela las estadísticas hablan de que en nuestro país viven 5,6 millones de neogranadinos y que en los últimos 10 años hemos recibido el 30% de la migración colombiana. Tampoco sabemos si la frontera ya está limpia de paramilitares o de narcotráfico, lo más seguro es que no, y si es eso lo que está supeditando una eventual reapertura en agosto de este año, lo mejor es que las cosas sigan como van. El novísimo puente Las Tienditas (el que queda en Ureña) ya casi está listo y por allí hace rato que pasa el contrabando ¡lo sabe todo el mundo!.

De modo que mientras se define la vocería (que debería ser del ministro de Frontera y Paz, pues su despacho tiene la obligación, por decreto de generar las políticas públicas) seguiremos con las marchas y contramarchas del hecho informativo fronterizo o transfronterizo, como preferimos llamarlo, ya que allí se conjugan no uno sino dos y hasta tres países, en algunos casos…Una de las medidas propuestas era permitir el paso peatonal (no de vehículos) y además obtener una ciudadanía fronteriza (cosa que de hecho es así porque en la frontera tu le preguntas a la gente ¿de dónde eres? Y te responden: “de los dos”) El caso es que ya la situación decretada por el presidente Maduro en agosto de 2015 está vencida y no se sostiene ni legal ni mucho menos mediáticamente.

Las declaraciones del gobernador de Táchira, José Vielma Mora, ante el hecho notorio de los más de 30 mil venezolanos (según cifras colombianas) que cruzaron los puentes para buscar comida (porque se están muriendo de hambre) son un claro ejemplo del despelote informativo que nos embarga pues en un primer momento se dijo que el presidente Maduro había autorizado el paso, luego que no, que había sido para evitar “el show” y por último que “eso no va a pasar más” cuando realmente el paso fronterizo peatonal ha estado abierto a diario permitiendo un flujo más o menos normal de ciudadanos de ambos lados.

Hemos sucumbido a las presiones de la oposición, esa es la verdad y fue imposible evitar el golpe mediático de las mujeres cruzando la frontera, vestidas a lo Tintori (pero sin clineja) y ahora el “show” de venezolanos buscando comida del otro lado, junto a las informaciones generadas por el gobernador del Norte de Santander (es decir, Cúcuta) y del ministro de la defensa colombiano. Algunos medios del hermano país reseñaron que los comercios más visitados ese día por los venezolanos fueron las casas de cambio. No hubo una contraparte informativa ese día, pero sabemos que del otro lado los comercios viven vacíos porque el colombiano no tiene dinero para comprar a los altos precios que venden allí. Entonces, los venezolanos, de nuevo, fuimos y revivimos el comercio moribundo de Cúcuta…Pero mediáticamente se impuso otra cosa y nos volvieron a ganar.

El puente Internacional Simón Bolívar mide 315 metros, es decir que para cruzarlo no se puede ir con hambre (la gente lo cruzó a trote, nadie se desmayó). Cúcuta queda como a 40 minutos de esa aduana, a menos que la gente haya comprado en La Parada, donde hay sólo productos venezolanos de contrabando (en las fotos salen productos colombianos). Si llegaron a Cúcuta es porque había logística, y la única manera es ir en carro porque a pie y con hambre es difícil…Lástima que no contamos con esa obligada y necesaria crónica periodística.

Pero volviendo a la Misión Frontera de Paz, quizás el silencio del general Izquierdo, nuestro Ministro de Frontera y Paz, obedezca al consejo de Isócrates quien recomienda hablar sólo en dos circunstancias: “cuando se trata de cosas que conoces bien, o cuando la necesidad lo exige”.

Usted dirá…

Esto opinan en Colombia de “Pobrezuela”