Venezuela: ¿Crisis humanitaria o crisis de poder?

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Por: María Guerra *
* La autora es estudiante del último trayecto de Comunicación Social en la Universidad Bolivariana de Venezuela. El presente trabajo de investigación fue elaborado para la Unidad Curricular “Periodismo en Situación de Conflicto, Preventivo y de Frontera”  en la sección 01-T donde soy facilitadora. Criterios: investigar cómo los medios de comunicación y factores de la oposición usan algunas palabras y/o términos sin saber su significado ni mucho menos su alcance y efectos en la generación de conflictos. Lo comparto con ustedes.

La foto que ilustra este post corresponde a la crisis humanitaria gestada en la Repùblica Democrática del Congo, en 2008, calificada por la ONU como de dimensiones “catastróficas”.

Con la llegada de la nueva Asamblea Nacional, cuya mayoría parlamentaria está compuesta por diputados opositores al Gobierno Nacional, su agenda de trabajo ha consistido en calificar la situación económica, política y social del país bajo términos críticos, a pesar de rechazar medidas como el decreto de emergencia económica anunciado por el Presidente Nicolás Maduro.

En tres meses han emitido dos acuerdos: el primero, realizado el 26 de enero, declara crisis humanitaria en la salud de Venezuela, señalando la grave escasez de medicamentos, insumos médicos y deterioro de la infraestructura sanitaria; el segundo, emitido el 11 de febrero del año en curso, declara crisis humanitaria e inexistencia de seguridad alimentaria de la población venezolana.

A simple vista, los argumentos visibilizan la difícil situación del país y sus posibles razones, pero ¿Son estos criterios válidos de acuerdo a las circunstancias por las que debe pasar un país para declararse en crisis humanitaria?, ¿Qué implicaciones tendría para Venezuela esta declaración?

Crisis humanitaria
Una crisis humanitaria es definida por la Organización de Naciones Unidas (ONU) como “aquella situación en la que existe una excepcional y generalizada amenaza a la vida humana, la salud o la subsistencia”. Asimismo, señala que

tales crisis suelen aparecer dentro de una situación de desprotección previa donde una serie de factores preexistentes (pobreza, desigualdad, falta de acceso a servicios básicos), potenciados por el detonante de un desastre natural o un conflicto armado, multiplican sus efectos destructivos.

La Asamblea Nacional emitió su primer acuerdo tras la intervención del diputado y médico de profesión José Manuel Olivares (del partido Voluntad Popular, Estado Vargas), quien tras una exposición de las principales causas de muerte en el país, entre las que se encuentran las enfermedades cardiovasculares y el cáncer, argumentó que la tasa de mortalidad va en ascenso desde el año 2012, con una cifra de 140 casos por cada 100 mil habitantes, comparándola con cifras de Ecuador (40) y Bolivia (60).
También se hizo referencia a los casos de los ciudadanos Richard Medina y Jhon Pérez, cuyos familiares fallecieron por no conseguir los medicamentos necesarios para el tratamiento de sus enfermedades.

El documento emitido por la Asamblea Nacional el 26 de enero de 2016 estipula los siguientes acuerdos:
PRIMERO Exigir al Gobierno Nacional garantizar de manera inmediata el acceso a la lista de medicamentos esenciales que son básicos, indispensables e imprescindibles y deben ser asequibles en todo momento. Dicho listado de medicamentos esenciales está publicado por el Ministerio del Poder Popular para la Salud el 5 de noviembre de 2015, en la Gaceta Oficial Número 40.782, resolución 587.
SEGUNDO Exigir al Ministerio del Poder Popular para la Salud el restablecimiento de la publicación del Boletín Epidemiológico, en concordancia con la normativa del Reglamento Sanitario Internacional.
TERCERO Exhortar al Ejecutivo Nacional a que permita el envío de medicamentos entre particulares de otras naciones hacia Venezuela, y dentro del territorio nacional, sin fines comerciales y como medida humanitaria ante la crisis de salud que vive el país.
CUARTO Declarar Crisis Humanitaria en la Salud de Venezuela, en vista de lo discutido y aprobado en la Asamblea Nacional y ante la importancia de la salud para la vida.
QUINTO Solicitar a la Ministra del Poder Popular para la Salud, doctora Luisana Melo; al Presidente del Instituto Venezolano del Seguro Social, General Carlos Rotondaro; al Director de Sanidad Militar, Mayor General del Aire, Julio Rivera Jiménez; así como, al Presidente de la Fundación Barrio Adentro, doctor Henry Ventura, realizar reuniones de trabajo de carácter público, en el ámbito de la Asamblea Nacional, para evaluar los planes a corto y mediano plazo en la coordinación intersectorial y transectorial de la salud, y así construir en conjunto una agenda que evite que sigan muriendo venezolanos, por falta de insumos y medicamentos en Venezuela.

Si evaluamos el concepto expuesto por la ONU, esta situación es determinada mayormente por factores naturales como los terremotos, inundaciones o huracanes; o por factores antrópicos como epidemias, hambrunas o conflictos armados. Es bien claro que para llegar a esta situación debe producirse una afectación o interrupción completa en el suministro de servicios básicos de salud o alimentación. Este no es el caso de Venezuela.

Entonces, el uso de la expresión Crisis Humanitaria no es casual. Denis Ochoa, Directora de Mecanismos de Concertación Política y de Integración, adscrita al Ministerio Del Poder Popular Para Relaciones Exteriores, advierte sobre las intenciones de considerar a Venezuela un país en medio de una crisis humanitaria: “nuestro país, es parte del ajedrez mundial y como tal puede verse cualquier intento de declaración de crisis humanitaria o de posible intervención que afecte su soberanía, en el marco de lo que acontece a nivel mundial, y de cómo los grandes centros de poder operan para favorecer a unos o determinados gobiernos más cercanos a sus intereses”.

Asimismo señala que los problemas de abastecimiento que sufre el país “se debe a vista la drástica disminución de ingresos provenientes del petróleo, que hace difícil seguir accediendo al mercado mundial de fármacos para su adquisición”. Enfatizando que “es pertinente subrayar el principal interés de la política pública de seguir garantizando el derecho a la salud y por ende el derecho a la vida de los todos los venezolanos y venezolanas”.

Implicaciones para Venezuela y escenario internacional
Representantes políticos y militares del capitalismo financiero transnacional promueven enfoques intervencionistas (intervención humanitaria y seguridad humana) para tratar de imponer cambios de gobiernos mediante la aplicación de la noción de la llamada Responsabilidad de Proteger, en clara violación de los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas.

Venezuela ha mantenido su posición de rechazo a todo intento que busque validar por la vía de facto la noción de la responsabilidad de proteger, la cual vulnera principios fundamentales de las relaciones internacionales, como la no intervención, la abstención de la amenaza o del uso de la fuerza y la solución pacífica de las controversias.

Estados Unidos y sus aliados occidentales asumen de manera contradictoria conductas cómplices, en respaldo de las políticas represivas de la élite política y militar israelí contra los derechos del pueblo palestino a la autodeterminación, la paz y el desarrollo, para citar un ejemplo.

En este contexto, las potencias occidentales tratan de justificar cualquier agresión armada bajo la excusa de asegurar la protección de los derechos humanos de la población civil, lo cual tiene como resultado final el cambio de régimen en un país.

Ochoa destaca que ese mismo argumento fue uno de los esgrimidos para justificar un ataque militar contra Siria, por parte de Estados Unidos. Más recientemente en nuestro país se abona el camino para que suceda algo similar, y consecuencias incalculables si llegará a ocurrir, explica.

“Plantear políticamente la situación de crisis humanitaria por falta de medicinas y fallas recurrentes en el abastecimientos de alimentos, es llevar a todo el país a las puertas del peligrosísimo escenario del “Estado Fallido”, para impulsar desde allí medidas de fuerza como un Golpe de Estado, el bloqueo o la intervención internacional”, advierte la analista.
Hay que recordar que el 9 de marzo de 2015, el presidente estadounidense Barack Obama firmó un decreto en el que califica a Venezuela como un amenaza para la seguridad interna de Estados Unidos, decreto que fue renovado el martes 8 de marzo de 2016.

Dicho anuncio ha sido rechazado por diversos países y organizaciones de integración como La Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA-TCP), la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), PETROCARIBE y G77+China.

Por otro lado, el exjefe del Comando Sur John Kelly, empleó el término crisis humanitaria en relación a Venezuela, y aseguró que de concretarse este escenario, no dudarían en intervenir militarmente “para prestar ayuda humanitaria”.

Se tiene que el próximo 26 y 27 de mayo se realizará la Cumbre Mundial Humanitaria en Estambul, Turquía. El tema principal de la agenda contempla la grave crisis que está generando la migración forzosa provocada por las guerras, así como la situación de los refugiados en Europa. Venezuela no figura entre las áreas o zonas con peligro de una crisis humanitaria.

REFERENCIAS
Acuerdo Mediante el Cual se Declara Crisis Humanitaria en la Salud de Venezuela, en Vista de la Grave Escasez de Medicamentos, Insumos médicos y Deterioro de la Infraestructura Sanitaria. (26 enero 2016). Asamblea Nacional [En línea] http://www.asambleanacional.gob.ve/uploads/actos_legislativos/doc_075106aa7229644326f326f6b180d388633305cb.pdf

Acuerdo Mediante el Cual se Declara Crisis Humanitaria e Inexistencia de Seguridad Alimentaria de la Población Venezolana. (11 febrero 2016). Asamblea Nacional [En línea] http://www.asambleanacional.gob.ve/uploads/actos_legislativos/doc_075106aa7229644326f326f6b180d388633305cb.pdf

Declaración de “Crisis Humanitaria en Salud” es parte del plan internacional contra Venezuela. (29 enero 2016). Modaira Rubio. Correo del Orinoco. [En línea] http://www.correodelorinoco.gob.ve/tema-dia/declaracion-“crisis-humanitaria-salud”-es-parte-plan-internacional-contra-venezuela/

Denis Ochoa. (27 marzo 2016). Comunicación Personal

G77 rechaza extensión de sanciones de EE.UU. contra Venezuela. (20 febrero 2015). teleSUR.net. [En línea] http://www.telesurtv.net/news/G77-rechaza-extension-de-sanciones-de-EE.UU.-contra-Venezuela-20150220-0042.html

Olivares: parlamento decretó la crisis humanitaria en salud. (26 enero 2016) Nota de prensa [En línea] http://www.asambleanacional.gob.ve/noticia/show/id/14161

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¿Hay “hambre” en Venezuela?

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Les traigo hoy los “Doce Mitos Sobre el Hambre” (Un enfoque esperanzado para la agricultura y la alimentación del siglo XXI, 2005), del libro escrito por Peter Rosset, Frances Moore Lappé, Joseph Collins y Luis Esparza

El hambre no es un mito, son los mitos quienes nos impiden acabar con el hambre.

La causa fundamental del hambre no es la escasez de alimentos o de tierra, es la escasez de democracia

La “crisis” en Venezuela nos ha servido para descubrir algunos de estos mitos que reseñan los autores. Lo primero que yo debo señalar es que ahora sé que me gustaban muchas cosas pero que luego de meses sin consumirlas porque no se consiguen, porque las acaparan, las esconden o, simplemente, porque no las producimos aquí, la conclusión es que no me hacen falta para vivir. Es más, vivo mejor…

Y me dirás que aquello era “calidad de vida”, es decir, esos gustos que te das cuando al final de la quincena te sobran unos reales y te los gastas en las cosas que siempre deseaste tener: un lindo vestido, un cuadro, un libro, esos zapatos de marca…Una caja de corn flakes, un buen vaso de leche, unas galleticas “Oreo”; una latica de diablitos “Underwood”; un gran pote de mayonesa “Kraft” aunque taponee nuestras arterias  o un paquete de Harina Pan…

¿Es eso pasar “hambre”? o simplemente es que ya no están las cosas que te gustaba comer?. ¿Y qué cosa es el hambre? Usamos las palabras pero a veces no sabemos exactamente qué significan…

Según el Diccionario de la RAE:

hambre

Del lat. vulg. *famen, -ĭnis, y este del lat. fames.

1. f. Gana y necesidad de comer.

2. f. Escasez de alimentos básicos, que causa carestía y miseria generalizada.

3. f. Apetito o deseo ardiente de algo.

Al compartir estas ideas no pretendo exonerar al gobierno de culpas. No. El gobierno tiene responsabilidad pero también es la forma como nos han educado o como hemos aprendido y por eso el libro que les refiero nos invita a “desaprender”.

En otro texto que les recomiendo, “La Sociedad de Riesgo Global”, Ulrich Beck expone que para enfrentar la necesidad de comer en el mundo surgió un problema peor: la obesidad seguida de la diabetes y otros males…”Se puede calmar el hambre y satisfacer las necesidades pero los riesgos de la civilización son un barril de necesidades sin fondo, inacabable, infinito”, escribe Beck. “El demonio del hambre es combatido por el belcebú de la potenciación de los riesgos (…) La fuerza impulsora de la sociedad de clases se puede resumir en la frase ¡Tengo hambre!”

La excesiva dependencia de las importaciones; la industria del entretenimiento y toda su secuela de modelos foráneos impuestos a nuestra sociedad a través de los medios de comunicación; la publicidad; las necesidades creadas; la cosificación de la vida, en fin.

Leamos estos mitos y luego me dirán si no se parece a lo que estamos viviendo en Venezuela..Y en el mundo.

PRIMER MITO: Sencillamente no hay suficiente cantidad de comida

En la actualidad, el mundo produce cereales suficientes para proveer 3.500 calorías
diarias a cada ser humano en el planeta. ¡Alcanza para engordar a la mayoría de la
gente! Y esta estimación no tiene en cuenta otros alimentos corrientes, como verduras,
legumbres, frutos secos, tubérculos, frutas, carnes provenientes de animales que
pastorean y pescados. En realidad, si se considera toda la producción de alimentos,
ésta es suficiente para garantizar a cada habitante de este planeta al menos 1.950
kilos de cereales, legumbres y frutos secos; cerca de medio kilo de frutas y verduras, y
también cerca de medio kilo de carne, leche y huevos. La abundancia y no la escasez, es lo que mejor describe el abastecimiento mundial de alimentos en nuestros días. Sólo cuando nos liberemos del mito de la escasez podremos comenzar a pensar sobre las causas reales del hambre.

SEGUNDO MITO: Acusemos a la naturaleza

El 22 de enero de 1994 el Chicago Tribune relató la siguiente historia: “Fue encontrado
un hombre muerto en una casa sin calefacción”. El artículo lo llamaba “la cuarta
fatalidad de la ola de frío de esta semana”. Seguramente el periodista, que escribió la
historia en realidad no creía que el clima hubiera causado las cuatro muertes. El
hombre, con toda probabilidad, era pobre y no podía pagar los gastos de calefacción.
Podría ser que los otros ni siquiera pudieran pagarse un techo. En 1985, cuatrocientas
personas sin techo murieron en las calles de Chicago. ¿Quién, con sinceridad, podría
acusar al clima? En Estados Unidos, la gente es vulnerable al mal tiempo solamente si
es demasiado pobre para pagarse una vivienda con calefacción.
Las hambrunas no son desastres naturales sino desastres sociales, resultado de
acciones humanas, y no de actos de Dios. Si creemos que las hambrunas son
provocadas por los caprichos de la naturaleza nos sentiremos impotentes, y por tanto
con excusas para no actuar. Sabiendo que el hambre es el resultado de efectos
humanos, descubrimos la esperanza. Nadie puede cambiar el clima, pero podemos
responsabilizarnos del establecimiento de sistemas agrícolas más estables y de la
modificación de las normas económicas de manera que las reclamaciones del pueblo
nunca sean negadas.

TERCER MITO: Demasiadas bocas para alimentar

Para responder a este mito es necesario tener claras las siguientes cuestiones:
– La fertilidad y el índice de crecimiento poblacional están disminuyendo en todo el
mundo.
– La densidad de población no explica en ningún lugar la extensión actual del
hambre.
– El rápido crecimiento demográfico no es la causa fundamental del hambre pero,
como éste, es una consecuencia de la desigualdad social que despoja a la
mayoría pobre, especialmente a las mujeres, de la seguridad y las oportunidades
económicas necesarias para poder optar por tener menos niños.
– Para lograr un equilibrio entre la población humana y los recursos económicos y
ambientales, las sociedades deben centrarse en la extremadamente mala
distribución del acceso a los recursos (tierra, trabajo, alimentos, educación y
salud pública). Éste es nuestro desafío real.
– La planificación familiar no puede por sí sola reducir el crecimiento demográfico,
aunque puede acelerar la disminución. La mejor contribución de la planificación
familiar a la transición demográfica se produce cuando forma parte de cambios
sustanciales en el mantenimiento de la salud, que aumentan la libertad y las
oportunidades de las personas, y no cuando solamente es un método de control.
Precisamente porque el crecimiento demográfico es un problema tan crítico, no se
pude perder el tiempo con estrategias que no dan resultado. Con resolución, nos
debemos enfrentar a la evidencia de que el destino del mundo depende de la actual
mayoría pobre. Solamente si su bienestar mejora podremos atacar el hambre y
garantizar que la disminución de la fertilidad sea sostenible. Luchar contra las altas
tasas de natalidad sin hacerlo contra las causas de la pobreza y la desmesurada
impotencia de la gente es inútil. Es una trágica distracción que nuestro pequeño
planeta soporta mal.

CUARTO MITO: Alimentos contra el medio ambiente

Que la crisis ambiental esté liquidando nuestros recursos alimentarios y amenazando
nuestra salud no es un mito; pero mitos y medias verdades confunden nuestra
percepción de las causas fundamentales reales de la crisis y, por lo tanto, nuestra
capacidad para abordar soluciones. Sin duda, hay regiones donde la densidad de población agudiza la destrucción ambiental, sin embargo la mayor parte del daño no es originada por la producción de alimentos. Un diagnóstico superficial, que acusa al volumen creciente de la población (que a menudo son las víctimas), no lleva a ninguna parte. Aunque la destrucción ambiental sea grave, ¿resolvería el problema eliminar a la mitad de la población? Debemos profundizar en la búsqueda de las causas fundamentales, preguntando: ¿Por qué se le niega a los campesinos el acceso a tierras agrícolas productivas y se los obliga a instalarse en terrenos que no deberían utilizarse para granjas, o incluso en
las selvas? ¿Por qué la mayoría de los agricultores que utilizan fertilizantes químicos y
plaguicidas piensan que no pueden afrontar el riesgo de cambiar, aplicando métodos
con menos recurso a la química? ¿Por qué las alternativas más sanas desde el punto
de vista ambiental para la producción de alimentos son poco conocidas, incluso
silenciadas, en lugar de ser fomentadas? Y, finalmente, ¿puede la humanidad afrontar
el tratamiento de los alimentos y los recursos para su producción como cualquier otra
mercancía?

QUINTO MITO: La respuesta es la Revolución Verde

La gente ha ido mejorando sus semillas por medio de la experimentación desde el
comienzo de la agricultura, pero el término Revolución Verde fue acuñado en los años
sesenta para destacar un avance particularmente sorprendente. En las parcelas de
pruebas del noroeste de mexicano se obtuvieron, con unas variedades mejoradas de
trigo, unos aumentos extraordinarios en los rendimientos. Principalmente, la razón de
que estas variedades “modernas” produjeran más que las tradicionales fue su mayor
sensibilidad al riego controlado y a los fertilizantes petroquímicos, lo que permitía una
conversión más eficiente de los insumos químicos en alimentos. Con el fuerte impulso
de los centros internacionales de investigación agrícola creados por las Fundaciones
Rockefeller y Ford, las “milagrosas” semillas se expandieron rápidamente por Asia, y
en poco tiempo fueron también desarrolladas nuevas variedades de arroz y maíz.
Alrededor de los años setenta las nuevas semillas (acompañadas por los fertilizantes
químicos, plaguicidas y, en parte, por el riego) habían reemplazado a las prácticas
agrícolas tradicionales de millones de campesinos del Tercer Mundo. Gracias a estas
nuevas semillas aumentó en mucho la producción de cereales. Pero ¿quedó
realmente demostrado que es una estrategia eficaz contra el hambre?
Los que criticamos la Revolución Verde sabemos que la producción debe aumentar si
la población continúan creciendo. Pero también hemos visto que enfocando el
problema solamente en el incremento de la producción (como hace la Revolución
Verde) no es posible aliviar el hambre, ya que no ataca la distribución altamente
concentrada del poder económico, especialmente en lo relativo al acceso a la tierra y
al poder adquisitivo. Si no se tiene tierra donde cultivar los alimentos ni dinero para
comprarlos, subsistirá el hambre, a pesar del espectacular aumento que la tecnología
ha originado en la producción de alimentos. Cuando se introduce una nueva
tecnología agrícola cualquiera en un sistema social, se beneficia a los ricos y no a los
pobres y esto llevará, con el tiempo, a una concentración aun mayor de las rentas
agrícolas, como está pasando en Estados Unidos.
Sin una estrategia para el cambio, centrada en la falta de poder de los pobres, el
resultado trágico será más alimentos y también más hambre.

SEXTO MITO: Justicia contra producción

Afortunadamente, la justicia y la producción no son objetivos que compiten entre sí,
sino complementarios. La desalentadora idea de un inevitable conflicto entre justicia y
producción está aún vigente, en parte porque mucha gente no percibe en qué forma
lso injustos sistemas de producción de alimentos (aquellos dominados por unos pocos)
son ineficientes. Los recursos alimentarios están tanto subempleados como utilizados.
La gente, es comprensible, teme un cambio hacia una mayor justicia antes de que se
aclare precisamente cómo la injusticia bloquea el desarrollo.
El problema de la producción no debe presentarse aislado. La pregunta no debe ser
qué sistema puede producir el máximo de alimentos sino bajo qué sistema (con control
democrático o por una élite) se reducirá mejor el hambre.
A mucha gente se le hizo creer que hay que optar entre un sistema económicamente
justo y otro sistema con una producción eficiente. Esta disyuntiva es un engaño. En
realidad, los sistemas más ineficientes destructivos de producción de alimentos son
aquellos controlados por unos pocos en interés de una minoría. Una mayor justicia no
solamente puede liberar el potencial productivo sin explotar y conseguir que sea
posible una sostenibilidad de larga duración, sino que es el único camino posible para
que la producción contribuya a acabar con el hambre.

SÉPTIMO MITO: El libre mercado puede erradicar el hambre

Desgraciadamente, la fórmula “el marcado es bueno / el Estado es malo” nunca puede
ayudar a atacar las causas del hambre. Estos pensamientos engañosos nos hacen
creer que una sociedad puede optar por uno u otro sistema, cuando en realidad todas
las economías combinan mercado y Estado en la asignación de recursos y en la
distribución de riqueza.
La disyuntiva gobierno o mercado no nos ayudará a entender las verdaderas
cuestiones urgentes en las cuales debemos concentrarnos para acabar con el hambre.
¿Bajo qué condiciones el mercado o el Estado pueden ser útiles en la lucha contra el
hambre? Está claro que la respuesta a esta pregunta no puede estar fundamentada
solamente en la teoría económica, sino en la relación que existe entre los ciudadanos
y los órganos de poder. Ya que ni el mercado ni el gobierno pueden terminar con el
hambre si el control de los recursos económicos está en manos de unos pocos, y si las
autoridades políticas responden principalmente a la voz estentórea de la riqueza.

OCTAVO MITO: La respuesta está en el libre comercio

La teoría de las ventajas comparativas parece perfectamente sensata. El crecimiento
de las exportaciones aumenta la reserva de divisas para dar combustible al desarrollo
del país. ¿Acaso no habíamos aprendido todos en nuestra adolescencia lo “natural”
que era que Juan Valdez cultivara café para nosotros en Sudamérica, y que a la vez le
exportásemos artículos industriales que su país necesita, y que en un mundo de
comercio libre, sin trabas, todos ganaríamos?
¡Qué teoría tan atrayente! Lástima que se desmorona cuando se aplica al mundo real.
Si el aumento de las exportaciones contribuye al alivio de la pobreza y el hambre,
¿cómo se explica que en tantos países del Tercer Mundo, mientras las exportaciones
fueron un éxito, el hambre continuó sin cambios e incluso empeoró? Esencialmente,
debido a que los que se benefician con las exportaciones (los grandes productores,
procesadores, exportadores, y otros) no son los pobres y, además, no utilizan sus
ganancias en beneficio de éstos. También porque con demasiada frecuencia, la
agricultura de exportación desplaza los cultivos alimentarios y a los campesinos que
las producen.
Actualmente, en muchas sociedades del Tercer Mundo, el libre comercio y la
agricultura de exportación perjudica a los pobres porque:
– Permite a las élites económicas locales impertérritas ante la pobreza que les
rodea y que limita el poder de compra de la población local. Al exportar para
consumidores de más alto poder adquisitivo, de todas formas obtienen
beneficios.
– Incentivan tanto a las élites locales como extranjeras a incrementar su dominio
sobre las economías del Tercer Mundo y alentar su determinación a resistir las
reformas económicas y sociales que podrían desplazar la producción fuera de la
exportación.
– Necesitan de sueldos de subsistencia y condiciones de trabajo miserables. Los
países del Tercer Mundo sólo pueden “competir” eficazmente en el libre mercado
mundial aplastando al movimiento sindical y explotando a los trabajadores,
especialmente a mujeres y niños.
– Obligan a los pobres campesinos de los países del Tercer Mundo a competir con
los productores extranjeros que hacen dumping en la economía local con
alimentos baratos, eliminando del mercado a los productores locales y
aumentando la vulnerabilidad de los países, que ahora son dependientes de la
importación de alimentos, respecto a los vaivenes caprichosos del mercado
mundial.
Si reconocemos el potencial positivo del comercio, tenemos, por lo tanto, que formular
la siguiente pregunta: ¿Bajo qué condiciones el comercio puede contribuir al
desarrollo? Siempre que los ciudadanos del Tercer Mundo logren satisfacer de forma
más equitativa sus reclamaciones sobre el uso de los recursos, incluido el acceso a las
divisas; donde los trabajadores agrícolas sean libres para organizarse y negociar
colectivamente, y puedan construir un movimiento de solidaridad con sus colegas del
otro lado de las fronteras; donde los gobiernos del Tercer Mundo cooperen para limitar
la competitividad autodestructiva y desafíen el poder de control de las corporaciones
comerciales transnacionales sobre los mercados. Bajo estas condiciones las divisas
generadas por las exportaciones agrícolas puede contribuir a un verdadero desarrollo
de amplias bases.
Finalmente, un comercio que realmente recompense requiere ser independiente en, al
menos, los productos básicos para la supervivencia. ¿De qué otro modo un país
puede evitar la venta de sus productos a precios irrisorios, cuando se busca
desesperadamente divisas para librarse del hambre?

NOVENO MITO: Demasiado pobres para rebelarse

Bombardeados por las imágenes de los pobres débiles, hambrientos y sin ayuda,
perdemos de vista lo que es obvio: para aquellos con pocos recursos, la mera
supervivencia requiere un tremendo esfuerzo. Los pobres a menudo viajan grandes
distancias sólo para conseguir empleo, trabajan largas horas y ven posibilidades
donde muchos otros no las vemos. La supervivencia demanda inventiva y aprender el
valor del esfuerzo conjunto. Si los pobres fueran realmente pasivos, ¡pocos de ellos
podrían incluso sobrevivir!
Pero este mito se centra en la cuestión de la iniciativa. ¿Pueden los que están en el
fondo de la jerarquía social, con frecuencia tratados peor que animales, llegar a darse
cuenta de su innata dignidad, comprender su potencial para la acción colectiva y luego
trabajar eficazmente por el cambio? Nosotros sabemos que la respuesta es sí.
Muchos de nosotros vemos a los pobres como víctimas pasivas a causa de la manera
selectiva como nos llegan las noticias del mundo. ¿Cuántas personas pobres habéis
visto entrevistadas por televisión o en los diarios? Los que son noticia parece que son
solamente los funcionarios del gobierno o los líderes del mundo de los negocios,
nunca la gente pobre.
Pensar que los sectores pobres del Tercer Mundo son una población pasiva nos
confunde en cuanto a la naturaleza de nuestra responsabilidad. La visión de los
hambrientos, que de tan oprimidos son ignorantes y no actúan, nos hace pensar que
nuestra responsabilidad es ir al lugar y poner las cosas en su sitio.

DÉCIMO MITO: Una mayor contribución de los países ricos ayudará a combatir
el hambre

Ahora que sabemos que el hambre es el resultado de las estructuras políticas y
económicas antidemocráticas que aprisionan a los pueblos en la pobreza, entendemos
por qué nosotros no podemos terminar con el hambre de otros pueblos. La verdadera
libertad solamente la pueden obtener las personas por sí mismas.
Comprender esto no hace disminuir nuestra responsabilidad, pero redefine a fondo su
naturaleza. Nuestro trabajo no es intervenir en otros países y poner las cosas en
orden. Nuestra responsabilidad como ciudadanos de países ricos es asegurarnos que
las políticas de nuestro gobierno no pongan dificultades a la gente para terminar con el
hambre.

UNDÉCIMO MITO: Nos beneficiamos de su hambre

Este mito presume que nuestros intereses son opuestos al de los que tienen hambre,
que actuar para aliviar el hambre significará sacrificar nuestro propio bienestar. De
hecho, hemos visto que lo opuesto a esta premisa puede ser cierto: que la mayor
amenaza a nuestro propio bienestar no es el desarrollo sino el estado de privación
continúa de los hambrientos. Ejemplos al respecto: situaciones de violencia; seguridad
laboral en los países ricos; crisis de la deuda; nuestra seguridad alimentaria;
inmigración, etc.

DUODÉCIMO MITO: Alimentos contra libertad
Si consideramos que la libertad significa también los derechos del ciudadano, no
podemos pensar en ninguna razón teórica o práctica que sea incompatible con la
eliminación del hambre. De hecho, hay buenas razones para esperar grandes
progresos en la lucha contra el hambre en aquellos países donde los derechos del
ciudadano están protegidos. La libertad de prensa y la libertad para organizarse, por
ejemplo, son medios cruciales con los cuales los ciudadanos pueden hacer que un
gobierno sea responsable ante las necesidades del pueblo, o lo puedan cambiar por otro que sí lo sea