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Suben a 36 los casos de COVID-19 en Venezuela y se extreman las medidas para frenar la expansión de la pandemia


La vicepresidenta de Venezuela, Delcy Rodríguez, anunció este martes que se registran y confirman tres nuevos casos de coronavirus, subiendo a 36 la cifra de personas enfermas en el país. Rodríguez precisó que se trata de tres hombres y que todos son “del este” de Caracas.

En una breve alocución desde el Palacio de Miraflores, la funcionaria reiteró la importancia de observar las medidas de “distancia social” y de la cuarentena pues, según dijo, evaluando la experiencia en otros países, esas acciones han sido las más efectivas.

Anunció también que desde mañana 18 de marzo, el metro de Caracas y el ferrocarril Caracas-Cúa, atenderán a usuarios que se identifiquen como de los sectores exceptuados en la cuarente, es decir, salud, agroalimentario, telecomunicaciones, medios de comunicación y servicios públicos, así como ciudadnos que requieran de algún tratamiento o consulta médica. Indicó que será obligatorio el uso del tapabocas en ese sistema de transporte.

Mientras tanto, con altibajos, Venezuela se habitúa a una cuarentena sin precendentes en este país. Es difícil no salir de casa al menos en 15 días o andar con una mascarilla en el rostro. Los mensajes de algunos medios de comunicación apuntan a ¿qué hacer mientras estás en el aislamiento?…Personalidades de la farándula ya envían palabras de aliento a través de sus redes sociales, y hasta dicen revelan cómo emplearán su tiempo…

En general, más de un 90% de la población ha acatado las medidas e incluso líderes opositores como Henrique Capriles apoyó la etiqueta #QuédateEnTuCasa lo cual le valió una andanada de insultos de los seguidores del autoproclamado Juan Guaidó, quien ha bajado notoriamente su perfil con la llegada de la pandemia.

Diálogos de la crisis


El metro nunca llegó, la buseta tampoco. Estoy en la AV Bolívar, a la altura de Parque Central. Veo un letrero a los lejos: “Moto Taxi: HAY PUNTO”

Yo: Sr. ¿por cuánto me lleva a Bello Monte (desde Parque Central)

Mototaxista: Dame 150 bs

Yo: ¿Tiene punto?

MT: pago móvil

Yo: ay es que no recuerdo la clave para abrir la aplicación en el cel…Pero al llegar a casa la busco y le pago…

Un compañero del MT le dice: pero por qué no van y compran algo que necesites y con eso te paga…?

MT: Bueno, sí vamos a comprar algo, una harina, o una pasta

YO: pero en mi casa tengo de eso. lléveme y le doy harina y pasta

Solo quería salir de ahí y llegar a casa…El MT aceptó, me puso un casco y salimos…Llegamos a mi sitio en menos de 10 minutos. Subí corriendo a buscar la harina y la pasta. Bajé y se los entregué. Plácido (así es su nombre), super agradecido se marchó…

Otro día más en esta crisis…

Somos Venezuela pero también “somos pobres”


Luisana Colomine

Recuerdo que una vez escuché al vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera (quizá la última ocasión que pude salir de Venezuela), en una larga disertación sobre el “vivir bien” o el “vivir en plenitud”, que en términos generales significa vivir en armonía y equilibrio, según la filosofía desarrollada en aquellos pueblos del altiplano boliviano y que Chávez quiso adoptar para Venezuela.

También escuché a Evo Morales hablar del “Buen Vivir” que es la vida en armonía con los ciclos de la Madre Tierra, del cosmos, de la vida y de la historia, y en
equilibrio con toda forma de existencia. Es un cambio de paradigmas dijo el indígena presidente con aquella humildad que conmueve: “no sólo en la relación ser humano-naturaleza, como suele entenderse desde una mirada occidental reduccionista, sino también entre los seres humanos y con uno mismo”.

El Buen Vivir supone suprimir el capitalismo, considerado el principal causante
de la degradación de la humanidad al igual que el socialismo/comunismo, puesto que “para el capitalismo, el capital es lo más importante; para el comunismo el bienestar del ser humano es lo más importante, pero para los pueblos originarios que plantean el sistema comunitario, la vida es lo más importante”.

Garcia Linera es un marxista convencido y se preguntaba también ¿hasta cuándo la angurria prevalecerá en el mundo?. Hasta cuándo vamos a acumular cosas, ropa, carros, como única forma de alcanzar la satisfacción, increpaba, y declaraba que era tiempo de una nueva “ética ciudadana”, “comunitaria” la llamó él.

Esa filosofía no ha podido sembrarse en Venezuela y quizás sea muy difícil hacerlo en esta etapa porque las necesidades, creadas o no, obnubilan el panorama debido a que no se las puede satisfacer ni siquiera para darles valor de uso.

Es cierto que el presidente Maduro ha hecho loables esfuerzos para aliviar la mala situación económica que nos ha convertido en “pobres”. Sí. “Somos Venezuela” pero también “somos pobres” y aparentemente esa condición ha de permanecer quién sabe por cuánto tiempo más…

El deterioro en nuestro “buen vivir” (porque si le digo “calidad de vida” me van a llamar capitalista o neocolonial) está llegando a niveles intolerables. En días pasados un profesor amigo escribió en su espacio de facebook: “¿Me afeito o compro un kilo de yuca en 60 mil bolos…Qué dice la audiencia?”. Yo, particularmente, le sugerí que se afeitara porque andar con hambre y feo son dos males insoportables así que mejor andar bonito que el hambre se disimula con cualquier cosa…

Hace poco compré una deliciosa marquesa de chocolate y un rico café pequeño y eso me costó que no pude pagar el condominio del mes pero al menos fui feliz…Me dije que esperaría el bono del Presidente, digo, si es que llega porque mi celular (ya obsoleto) no es compatible con la avanzada aplicación VeQr y si no escaneo el carnet de la Patria (que el ilustrísimo asesor económico de Henri Falcón quiere llamar “tarjeta”) pues nunca lo veré en mi empobrecida cuenta de nómina del Banco del Tesoro. Eso entonces me lleva casi a la ruina porque las deudas se me van acumulando, cosa que incide en mi ánimo y buen humor y así como esta profesora universitaria, con una maestría concluida y un doctorado en ciernes, están millones de compatriotas. Ni siquiera me puedo comprar un celular de Movilnet (para poder escanear la “tarjeta” de la Patria) porque no lo hay en ninguna tienda pero sí “bachaqueado” a más de 12 millones de bolívares.

Entonces el “Buen Vivir”, en un sistema como el nuestro, capitalista, rentista, con un estado burgués cada vez más monstruoso y corrupto, no tiene cabida.

Los servicios públicos, por ejemplo, son un atentado al “buen vivir”. El metro de Caracas es uno que agrede a sus usuarios de manera implacable. Es doloroso ver a gente honorablemente adulta subir penosamente hasta 76 escalones para salir a la superficie porque las escaleras mecánicas nunca funcionan. Uno escala en silencio aquellos peldaños, pensando que debe ir al banco para ver si hay “efectivo” y tu infortunio es peor cuando llegas y te dicen “no hay porque hoy no llegó la remesa”…Y uno dice ¿qué diablos pasa con nuestros billetes? ¿Qué hace el Banco Central de Venezuela? ¿Cuántos millones se gana el presidente de esa institución que lleva rato sin cumplir con su trabajo? Pero si tienes carro (todavía) lo metes en un estacionamiento para que no te lo roben y entonces te cobran 15 mil bolívares “en efectivo” por una cosa que llaman “tarifa plana” y que nadie sabe quién la autorizó.

Cerraré esto con el problema de la luz (porque el de los altos precios en la comida ya es hasta caliche como decimos los periodistas). El PCV solicitó este lunes al gobierno “evaluar” la gestión de varios ministros entre ellos el de Energía, Luis Motta Domínguez, cuya cuenta de tuiter @LMOTTAD escribo de memoria por tantos apagones. ¿Cómo pensar en el “buen vivir” sin luz? ¿Por qué nadie nos explica qué ocurre con ese “servicio” que ha pasado a ser, más bien, un perjuicio (y no es semántica)?. Los electrodomésticos caen como abatidos en una guerra y no hay cómo comprar el sustituto de una nevera, de un televisor,de un microondas…Esas son “necesidades” creadas por el hombre que en sistemas capitalistas como el de Venezuela constituyen el “Buen Vivir”.

Será difícil, entonces, cambiar paradigmas y entrar en la hermosa cosmovisión del pueblo aymara porque ésta, en la tierra de Bolívar, irónicamente fue sustituida por la expresión más genuina del capitalismo: el “dakaso”…

¿Hay paro de transporte en Caracas o es una guarimba? (Este es el día a día del caraqueño)


¿Es una estrategia de las cooperativas y empresas transportistas para cansar a la gente?  

Cada día se hace más difícil “agarrar una buseta” en Caracas. Así dice la gente, así habla el pueblo, pues…

Hace ya como un mes que vengo observando la situación. No es un paro declarado, pero pareciera una táctica para cansar al usuario, hacerlo sufrir cada día, en las horas “pico” ¿Objetivos?: que aumenten el pasaje, elecciones, guarimba…

Llego a la parada y debo esperar, a veces, hasta 20 minutos. Las unidades que cubren la ruta Santa Mónica – Silencio son los verdugos de mi tiempo. Cuando veo a lo lejos la buseta, destartalada, así como echada hacia un lado, despintada y lenta, como una gran tortuga, con la tapa del motor abierta para que no se recaliente, una extraña alegría me invade (si al menos me tocara un “Yutong”). Ya hay como ocho personas esperando…A esto se suma el hecho de que los chóferes no acatan las normas del subsidio oficial para pasaje estudiantil y tercera edad. Cuando ven gente de esos sectores en las paradas, siguen de largo…

Al fin llegaré a mi destino. Subo. El chófer me increpa: “pagar al subir, por favor”. Es un hombre ya mayor, “musiú”, cabello cano. Lleva en una mano los billetes y en la otra el volante. La buseta está full. El gentío se arremolina en la entrada y el chófer debe gritar: “‘Échense pa’atrás por favor”. Entonces todos se mueven disciplinadamente hasta donde pueden porque hay que considerar a los que llevan rato esperando en la parada.

Mientras tanto el tipo sigue cargando pasajeros…”Entren que caben cien”, como dice Héctor Lavoe…Pero, no. Ya no cabe un alma. “¡Arranque por favor!”, gritan desde atrás….”Meeera, no te pares en la escalera que ya se está despegando”, grita el chofer en su acento portugués a un joven que va literalmente colgado en la puerta de la “nave”… El joven ni se inmuta…”Bueno si me la rompes me la pagas”….Y el gentío grita “Arrancaaaaaaaaaaaaa”…

Ya en la estación de metro de Plaza Venezuela. La gente empieza a bajarse. Pasan los minutos. Bajan 20 suben 30…Decido tomar el metro para no llegar tan tarde adonde voy porque…¡Ya es tarde!…Un gentío pelea por subirse a las busetas que van hacia la Avenida Urdaneta, las “copetico rojo” que vienen de El Cementerio. Hay angustia en los rostros, la gente suda, sufre, van con los Bs. 280 en la mano, corretea busetas, las persiguen, sólo quieren salir de eso, montarse en algún transporte que los lleve adonde van…La “copetico rojo” arranca y el chófer grita: “atrás viene otraaaa” Pero no viene y los que se quedan deben esperar otros 15 minutos o 20 o 30…La mayoría sale temprano de casa. Llevamos prisa, queremos ser puntuales, pero podemos pasar hasta dos horas en ese proceso de esperar en la parada, tomar la buseta y llegar al trabajo…Llegar ya cansados, con hambre y arrechera.

Veo esa escena todos los días, la sufro, la vivo…

Camino hacia el metro. Al bajar a los trenes, un vaho caliente me recibe, las escaleras mecánicas no funcionan y están sucias. Entonces me arrepiento de la decisión. Demasiado tarde. Pasan como 10 minutos y al fin llega el vagón. Full de gente. Un calorón que asfixia pues casi nunca esos vagones tienen aire acondicionado. Creo que ya se me cayó el maquillaje…Entro como puedo en el primer vagón. Caigo en cuenta de que salí de casa a las 8 am y ya casi son las 9…(Llegaré cuando llegue, me digo)

Me ubico en la portezuela que nos separa del operario. Pego la cara al vidrio para ver el túnel. Es una chica la operaria. Me fascina ver la pantallita que muestra cada estación…Siempre he querido manejar un vagón de esos. Es una de las cosas que están mi lista (como la película de Morgan Freeman y Jack Nicholson). Es mágico ver  cómo se desplaza el metro en el túnel. Una daga que atraviesa el vientre de la ciudad. Mis pensamientos son interrumpidos por el clásico saludo: “Buenos días mi gente, ¿qué se dice?”. La gente responde ya sin ganas…”gracias por regalarme esos buenos días, se oyó lindo” dice la voz. Quien habla es un joven que anda con otro y ya tienen una historia hilvanada. El otro anda con cara de enfermo, no dice nada y se sostiene de su “hermano”. Aquí vamos: con voz de locutor, clara y brillante, y una excelente dicción nos narra  algo increíble (recuerdo el módulo de especializaciones en radio del curso de locución de la UBV, el chico no fue mi alumno pero ¡qué bien lo hace!). Su hermano casi no puede respirar y él coloca su dedo a la altura de la garganta y nos muestra un extraño movimiento, algo tiene vida allí en esa garganta, palpita. Resulta que el chico tiene una bacteria alojada en el corazón porque fue a sacarse las cordales para colocarse unos “brackets” y el odontólogo al parecer no era muy aseado. Desde ese día le cambió la vida al muchacho y ahora tienen que drenarle no se qué cosa en las arterias pero para eso necesitan una medicina que afortunadamente consiguieron pero el bachaquero las vende “detalladas” y entonces necesitan 7 mil bolívares para comprar un “blister” y bueno por favor deme lo que usted pueda…Esa “performance” dura justo el trayecto entre Plaza Venezuela y Colegio de Ingenieros donde los chicos se bajan…

Yo sigo con lo mío. Viendo a través del túnel…Me encanta ver esa sinuosidad, y pienso en cualquier cosa o mejor no pienso en nada. Pero en Bellas Artes se montan otros dos hermanos. Andan sucios y malolientes. El que habla, también con voz de locutor, dicción perfecta, echa el cuento y admite que sí: que andan sucios, malolientes y que no han comido: esta vez el cuento es que a su hermano lo atropelló un camión y quedó con una pierna chueca “miren como tiene eso”…Como no se puede operar porque no tiene plata, esa pierna se la curan en el hospital pero para eso tiene que tomarse un antibiótico que…bla bla bla…

Se bajan en Parque Carabobo…El tren sigue y yo vuelvo a mirar el túnel a través del vidrio. Por fin llegamos a Capitolio. Emerjo a la superficie y me reciben los vendedores de oro, dólares, euros, barriletes de menta…Ya casi son las 10 de la mañana. Seguro terminó todo…Será mejor relajarse un poco en la Plaza Bolívar, dar de comer a las ardillas. Miro al frente y allí está: la Casa Amarilla, la Asamblea Nacional Constituyente…¿Sabrán allí que hay un paro de transporte y que por eso nadie llega a tiempo?

Se confirma mi sospecha: Hay un “paro técnico”

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