El reloj de la felicidad: a Fernando Álvarez


Hasta siempre, Fernan...

Hasta siempre, Fernan…

Este sitio lo abrí por insistencia de un amigo mío…Fernando Álvarez, maniático de Internet y de las redes sociales, me insistió por mucho tiempo sobre eso hasta que un buen día le hice caso…La fiebre de escribir duró poco tiempo: vivía por el blog, no dormía por el blog hasta que me cansé y no lo visité más (al blog)…Nada se parece a los periódicos donde solía escribir. Se lo dije a Fernando: “me aburre escribir en el blog. Creo que nadie lee lo que escribo, o a nadie le interesa, es impersonal, frío…”

Hace unos minutos me prometí escribir de nuevo para rendir homenaje a Fernando…Estuve un rato mirando la pantalla en blanco del blog. Y entonces decidí escribir sobre la arrechera que tengo porque mi amigo me (nos) abandonó así nomás. Creo que me llamó por teléfono para despedirse hace más de una semana, ahora lo sé pero ¿cómo podía saberlo, entonces?. Me contó que tenía la tensión alta porque acababa de agarrar una rabieta en la calle. “Y ¿Cómo es la vaina esa del concurso?” me preguntó…Le dije un par de cosas que no recuerdo, traté de calmarlo y quedamos en vernos al día siguiente por la tarde…No nos vimos ni ese día, ni el otro, ni el otro. No le vi más…Y entonces pienso en todas las cosas que no le dije ese día que me llamó (el miércoles 23 de octubre) porque sencillamente no se me ocurrió y porque uno no sabe cuándo a la gente que quieres se le ocurre mandar todo a la mierda…Por eso decidí manchar esta blanca pantalla del blog.

Me viene a la mente un hecho insólito: acaban de crear un reloj que calcula cuánto tiempo te queda en este mundo. El capitalismo es tan bárbaro, ¡que ahora quiere controlar hasta eso! El investigador sueco Fredrik Colting inventó el objeto llamado Tikker que luego de cargarlo con algunos datos como cuántas horas a la semana trabajas, cuántas veces haces el amor, si eres o no buen bebedor, si duermes bien, si te alimentas x, y o z, etc…el artefacto te calcula cuánto te queda de vida. Cuesta 43 euros (barato ¿no? dame dos!) y al ponértelo en tu muñeca vas por la vida sabiendo “que allá en el fondo está la muerte” como decía Cortázar…De haber tenido uno de esos Fernando me habría dicho algo seguramente y entonces yo le hubiese disparado todas las palabras que ahora se me agolpan en la garganta, en el corazón, en mi mente. Le hubiese dado las gracias por haberme incluido en su lista de amigos, en primer lugar; por haber sido estudiante de la UBV y luego su egresado; Por haber buscado trabajo en la UBV más tarde porque quería, soñaba, anhelaba ser docente allí…; por haberme defendido una vez ante los misóginos de la UBV, escuálido el corazón, roja la franela; por haberse empatado feliz en todos los proyectos locos que inventamos en la UBV; por morirse un viernes para regalarnos un fin de semana tratando de asimilar el golpe que significa perderlo…En fin…Pero como uno nunca sabe, tampoco nunca dice lo importante, lo fundamental, y ahora estoy aquí, escribiendo en este blog, esto que no sé si alguien lo va a leer…

Vuelvo al reloj Tikker y pensando en eso me pregunto ¿y qué tal si el dichoso reloj se equivoca y te llega la hora y no te mueres? ¿Empezarás a vivir un sobre tiempo como en el fútbol? ¿Te harán descuento?) ¿Devolverán la plata? ¿Se puede reclamar ante el Indepabis? ¿Qué dirá Eduardo Samán? ¿Seguirá funcionando el reloj? Porque yo digo también que si llega la hora señalada ¿a quién le sirve ese perol si el dueño ya no lo va a necesitar? ¿Puedes elegir que alguien detenga sus agujas?. ¿Será posible volver a reprogramarlo? ¿Puede heredarse ese reloj y tener el mismo resultado?…Su creador dice que es un reloj “para la felicidad” y entonces tal vez el Viceministerio de la Suprema Felicidad nos regale ese detallito ahora que viene diciembre…

Inciso necesario
Y esto me hace recordar que cuando murió mi tío Carlos Gross (un hombre bello que vivió feliz y a plenitud 90 y tantos años), fui testigo de uno de los episodios más surrealistas y tragicómicos de mi vida. Resulta que mi tío ya había planificado hasta cómo sería su muerte y entierro (era educador y de allí la tendencia a planificar todo). Le había dicho a su mujer (Belén) exactamente lo que tenia que hacer. No quería velorios y su decisión fue que lo cremasen y así le ahorraría a su familia el martirio de cuidar y limpiar la tumba, gastar en flores y evitar en lo posible el remordimiento de no ir al cementerio (porque eso pasa, uno deja de visitar a sus muertos, abandona las tumbas y, a veces, no es por uno sino por la inseguridad, por el olvido, por la flojera, o porque Abraham ya no sube esa cuesta). Pero resulta que Belén hizo todo lo contrario. Decidió que haría el velorio y entonces vino gente de todos los rincones de Venezuela (creo que mi tío Carlos habrá tenido miles y miles de estudiantes, generaciones enteras pasaron por sus aulas). Cuando llegó el momento del entierro (le llaman el viaje final porque así como cuando estás pariendo y te llega la última contracción ya no hay marcha atrás) y al llegar al Cementerio del Este (único que tiene el gran negocio de los crematorios en Caracas, pero esa historia la contaré otros día), Belén dijo a la funeraria que entonces ya no necesitaría la urna (gracias por prestármela un ratico) pues a mi tío lo iban a cremar y sería metido en otro artefacto especial para eso. Ahhh pero la funeraria le dijo que no. Que ¿cómo se le ocurre, señora?. Esa urna ya ha sido usada…(Es que me acuerdo y me doblo de la risa)¿Cómo que ya ha sido usada?, preguntó Belén (y todos a sus espaldas nos reíamos y nos reíamos)…El caso es que no se podía devolver la urna y, además, Belén tenía que pagarla. Ella preguntaba entre lágrimas y risas nerviosas, “¿Y entonces qué carajos hago yo con esa urna del coño?(SIC)” Jajajaja, ay perdón, pero es que el cuento ya forma parte de la historia de esta familia. Nosotros le decíamos: bueno pero hagamos un anuncio para el periódico que diga: “se vende urna de poco uso”…

Y así pues pasará con el bendito reloj Tikker, digo si es que te llega la hora y no te mueres…(al final, para terminar el cuento, la urna fue devuelta a la funeraria pero Belén igual la tuvo que pagar). Jajaja es que el tío Carlos era tan bello que hasta en su última hora nos hizo reir…

Desde hoy retomaré mi blog en honor a Fernando Álvarez…Trataré de que se vea como un periódico de papel, trataré de asumirlo como eso y tal vez hasta termine gastando mi gift card de Amazon en un Tikker. De esa manera podré andar por la vida con el tiempo contado y tendré plena libertad de reservarme el derecho de admisión…a mi vida porque…mira…me queda tanto…y ya no tengo tiempo para ti…

Noviembre 05, 2013

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3 pensamientos en “El reloj de la felicidad: a Fernando Álvarez

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