La República de Miranda o el surrealismo opositor


A través de Capitolio TV vimos online la sesión “histórica” de la Asamblea Nacional en la cual aprobaron un antejuicio de mérito contra el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

El acuerdo fue votado por 105 diputados opositores (que eran 112 pero algunos se la pasan de viaje), incluyendo dos de los indígenas en desacato. Por el bloque revolucionario los valientes Juan Marín (Psuv) e Ilenia Medina (PPT) cantaron “No” y les hicieron bullying.

El orden del día era escueto: “Único: consideración de la solicitud de autorización para continuar el proceso al ciudadano Nicolás Maduro Moros”. No mencionaba quién hacía la solicitud, ni mucho menos al TSJ “en el exilio”, tampoco aclaró eso del “proceso”.
La votación fue nominal y cada quien antes de decir “Sí” gritaba cualquier cosa: “Libertaaaaa” (sic) “Tenemojambreee” (sic) y entre ellos mismos se aplaudían. Un diputado de apellido Guaidó comparó el show con el 19 de abril de 1810 pero luego rectificó diciendo que, más bien, allí estaban reviviendo el espíritu del 5 de julio de 1811 porque aquella gesta “tampoco fue legal” (O sea que según Guaidó el Acta de la Independencia de Venezuela es chimba).

Pero esta película tiene un comienzo: el TSJ “en el exilio” vía tuiter notificó al Presidente Maduro que “En el uso de las atribuciones que confiere el art. 91.3 de la Ley Orgánica del TSJ, procedemos a notificarlos a través de cuenta Twitter, de la procedencia del antejuicio de mérito que se le sigue. Mag. Miguel Martín Presidente”. En otra escena desarrollada en Bogotá, Colombia, la “itinerante”, Luisa Ortega Díaz, presentó “pruebas” de corrupción contra Maduro ante 13 magistrados de cuerpo presente porque los demás eran “virtuales”.

Son instituciones sin oficina pero especialmente sin Patria, que todo lo harán por whatsapp, Instagram, telegram o mensajito de texto (emoticones incluidos) y tendrán cerebro para pensar solo en 280 caracteres sin un más allá.

País de holograma, imaginario, como la República de Miranda. Hoy tenemos este relato surrealista que nos recuerda “El Discreto Encanto de la Burguesía” (Buñuel,1972) y a sus seis personajes centrales: Don Rafael Costa, embajador de la República de Miranda (póngale a Antonio Ledezma o a Julio Borges); el matrimonio Thévenot (Henry Ramos y Diana D’agostini); el matrimonio Sénechal (Lilian Tintori y Leopoldo López) y un obispo corrupto que se mete a jardinero (le viene bien a cualquier miembro de la iglesia criolla).

El selecto grupo de burgueses están invitados a cenar, pero por un malentendido deben ir a un restaurante donde tampoco pueden comer porque el dueño del lugar ha muerto.

Mientras tanto hablan de cualquier cosa (como en la sesión “histórica”), por ejemplo sobre la importancia del hielo para los tragos que “tiene que ser de primera. Muy frío, muy duro y a 32 grados” o que para cortar la pierna de un cordero hay que estar de pie…

Repentinamente, sube un telón y ellos aparecen sentados a la mesa en un teatro, siendo personajes de alguna obra. Hay un público que, a su vez, es visto por otro público. Un sueño dentro de un sueño. Mientras intentan comprender qué sucede, un apuntador escondido en el proscenio (puede ser Almagro, Rajoy, Trump, escoja usted) les va dictando lo que deben decir y hacer porque no saben sus líneas.

Concluyó la sesión y pensamos que, definitivamente, el genio de Buñuel se adelantó y la República de Miranda es la MUD…

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Genial escena de “El Discreto Encanto de la Burguesía (Buñuel, 1972). Muy parecida a la sesión de la Asamblea Nacional descrita en este post

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