Mami ¿puedo dormir contigo?


Alexandra tiene la edad de muchos niños y niñas que viven en el estado fronterizo de San Cristóbal…Digamos que ocho años. Su historia puede ser la del cualquier infante venezolano desde que el 6 de abril de 2017 se desató la furia opositora.

A esta niña tachirense le ha tocado vivir los problemas derivados de la región que la vio nacer: escasez de alimentos (ya se consiguen pero carísimos) y otros bienes a causa del “bachaquerismo” colombiano, contrabando de extracción de combustible, los peligros del paramilitarismo en la zona porque todo eso afecta a sus padres, tíos y abuelos.
Voluntad Popular ha hecho del Táchira su bastión. En esta nueva arremetida de la violencia opositora en esa localidad andina, “Ale” ya tiene dos meses sin ir al colegio. Tampoco ha podido seguir con sus entrenamientos en salto ornamental. Se le contrató entonces un plan de tareas dirigidas pero solo ha podido asistir cuatro veces.

Ella vive en Las Trinitarias, una urbanización de la ciudad ubicada en Las Vegas donde la MUD y sus secuaces dominan. Es casi como en Siria: una zona tomada por los “rebeldes” de la oposición, con su cuota de “desplazados internos” y hasta de refugiados, con su bandera al revés y en blanco y negro. Hay allí una especie de estado de sitio. La gente, atemorizada, sale poco y a la1 de la tarde los comercios cierran.

Poco se ha hablado de cómo nuestros niños y niñas viven el terrorismo desatado por la oposición violenta en Venezuela. Alexandra se ha vuelto ansiosa, cualquier ruido la asusta y desde hace algún tiempo le pide permiso a su papá para dormir con mami. Ya no quiere estar sola en su cuarto.

Su madre tiene que llevársela a la oficina porque prefiere estar cerca de ella “por si acaso” y saber que la niña está a salvo. Por estos días en San Cristóbal (y en casi todo el país) es frecuente ver el desfile de madres y padres cargando a sus vástagos al trabajo porque no hay quien los cuide y tampoco tienen clases…Con suerte, si al señor Freddy Guevara le da la gana, puedes llegar a tu oficina. Los sitios de trabajo se han convertido en guardería.

Hace poco la oposición trancó las salidas de Las Vegas desde las 8 de la mañana. La casa de Alexandra está ubicada a la entrada de la pequeña urbanización Las Trinitarias, protegida con una reja eléctrica y el vigilante. Las Trinitarias con frecuencia ha sido “tendencia” en tuiter debido a las guarimbas que a diario monta Voluntad Popular.

Ese día la mamá de “Ale” pudo salir al trabajo pero luego cerraron los accesos y la niña debió quedarse en casa con su papá. Estuvieron encerrados tragando humo de la basura quemada y gas lacrimógeno. La refriega terminó como a las 6 de la tarde. La niña hizo un video que le mostró a sus atemorizados padres. Para un adulto estar encerrado puede no significar mucho porque sabes cómo “matar” el tiempo, pero para un niño puede ser desesperante. No poder salir ni al jardín a jugar un poco, repasar los mismos espacios todo un día, aprender a no exigir mucho porque sabes que no puedes ir a comprar aunque sea un heladito…

Aquella vez, Alexandra encontró una inocente diversión. Cogió su celular y grabó un video que en la noche mostró a sus aterrorizados padres.

¿Quién detiene esta locura? ¿Cómo harán los niños para recuperar las clases y el tiempo perdido?

Alexandra es sólo una de muchas historias. Porque los niños comienzan también a padecer la locura de la estólida oposición venezolana.

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