Los “apagones mediáticos” no le hicieron mella: Hugo Chávez era, en sí mismo, un medio de comunicación


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En 1989, el “Caracazo” fue la primera campanada de lo que se gestaba en las entrañas del país. En esa oportunidad, los políticos adecos quitando a sus carros las placas del Congreso de la República, demostraban el terror que le tenían a ese Juan Bimba con un bollito de pan en el bolsillo que ellos mismos mercadearon como “el pueblo” pero con el cual jamás convivieron. Ante el Caracazo el periodismo venezolano se quedó corto en su cobertura y análisis pues lo reseñó como un “suceso”, exacerbando más las consecuencias que sus causas.

En 1992,  Hugo Chávez Frías intenta por las armas derrocar lo establecido y tres años más tarde decide valerse de las instituciones para ir a elecciones. Los medios lo identificaban como el “Teniente Coronel” para quitarle rango a su actuación de Comandante en la infructuosa asonada militar. Era usual verlo llegar a las redacciones de los periódicos, buscando a algún periodista que quisiera escucharlo, enarbolando su propuesta de una constituyente como única oferta programática de un candidato presidencial a diferencia de otras con un claro fin utilitario para el elector. Pocos le dieron cabida a sus declaraciones y él se convenció de que había que superar ese escollo mediático para poder trascender…

En 1996 las encuestas comenzaron a hablar y era innegable la influencia del “teniente coronel” en vastos sectores de la población que vieron en él una alternativa de cambio. Los medios voltearon su mirada hacia aquel militar insurrecto que con un discurso directo y sin medias tintas desmontaba las certezas.

En 1998, cuando gana las elecciones presidenciales, Venezuela estaba hundida en un letargo no solamente político e ideológico sino también social, estructural y ¿por qué no? comunicacional.Una vez en el poder, Chávez se convirtió en el Presidente más criticado por los medios de comunicación privados en toda la historia contemporánea de Venezuela. Medios controlados por grupos oligárquicos, representantes de poderosos sectores financieros y  editoriales internacionales. Esto puso en la mesa el rol del comunicador y de los medios como aparatos y soportes de la hegemonía comunicacional, lo cual generó las políticas posteriores que favorecieron el acceso del pueblo a la radio, los periódicos, la TV, Internet y la profusión de la comunicación alternativa y popular, además, con reglamentación oficial.

Este cuestionamiento se extendió a otros países, donde también la comunicación pasó a ser materia de discusión obligada. Un proceso que facilitó en el pueblo la toma de conciencia plena sobre los mensajes a los cuales es sometido diariamente. La comunicación social y el periodismo en general pasaron a un primer plano en la mirada de investigadores para avanzar a nuevos paradigmas en las teorías de la comunicación. Además, se invirtieron los conceptos de la teoría conocida como “agenda setting” mediante la cual son los medios los que imponen la agenda pública, pues, para bien o para mal, Chávez encarnó mayoritariamente los temas de interés nacional y en algunos casos internacional.

Comunicar, informar, comunicar

El epígrafe con el cual se inicia este trabajo, “Comunicación es una calle ancha y abierta que amo transitar. Se cruza con compromiso y hace esquina con comunidad”, del investigador uruguayo Mario Kaplun, interpreta la concepción de Chávez sobre la comunicación, plasmada en el Proyecto Nacional Simón Bolívar y más tarde en el Plan Patria. Es la comunicación necesaria, aquella que favorece la participación y que las comunidades hacen suya. Es la función mediadora del periodista, esa que ya se perdió en la maraña política e interesada de las empresas periodísticas.

Comunicar-informar-comunicar, de manera casi obsesiva para decir al pueblo lo que los grandes medios no publicaban, se convirtió en una meta del Presidente que recién acaba de ganarse un muy meritorio Premio Nacional de Periodismo (en vida le reconocieron con el premio Rodolfo Walsh en Universidad de La Plata, en Argentina). Recomendaba a sus ministros ir a los medios en cada visita a las regiones: “llévate un tríptico, un papel donde diga lo que estás haciendo y repártelo”.

Chávez fue, en sí mismo, un medio de comunicación imposible de ignorar y ahora de obligada referencia: buena voz, buen discurso; irreverente y ocurrente, demostró que acaso la tecnología puede ser accesoria, pero no las ideas. Varias veces fue víctima de “apagones mediáticos” que no doblegaron su eficiencia comunicativa.

Más de 300 medios alternativos y comunitarios, nacidos al calor de esta concepción de la comunicación social, demuestran que la información, como derecho humano, constituyó para @chavezcandanga (su cuenta en twitter que dejó con más de cuatro millones de seguidores) uno de los pilares del desarrollo, en línea con la concepción que sobre esto tuvo siempre Simón Bolívar, El Libertador. Gracias a estas políticas, Venezuela es un faro de la comunicación popular para los pueblos del mundo.

Lea en CHAVEZ TOPARQUIA artículo original publicado en la revista Toparquía en Julio de 2013

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