Mientras el chamo se comía su mandarina…


Lo que les voy a narrar me ocurrió hoy:

Salí del Centro Comercial Tamanaco (CCCT) a eso de la 1 pm. Necesitaba ir allá para sacar dinero del Banco del Tesoro y pagar la reparación de mi laptop (aún me falta cancelar lo de la PC, mi fiel HP no quiso prender más y està en terapia intensiva pero con buenos pronósticos).

Resulta que saqué la plata en efectivo. Francamente eran más las pacas de billete que el monto real (Por cierto, nada de los nuevos no?) . Tuve que meter una parte en mi morral (tengo morral nuevo, de lo más mono porque está decorado con tres “hashtags” por supuesto en inglés: #OMG #WTF y #AKA) y la otra en el bolso normal…Cuando salí del banco no dejaba de pensar “¿por qué no le pedí a Alberto su número de cuenta?”. Y claro que lo intenté pero resulta que me llevé el celular Nokia (Adrianita, le llamo yo porque tiene exactamente la edad de mi nieta) y hoy no tenía saldo.No me llevé el Samsumg inteligente para preservarlo ¿no? Me llevè el Nokia viejito porque ¿quién va a querer un celular todo forrado en cinta plàstica para sostenerle las teclas que ya se le despegaron?…

Bueno, mientras me aproximaba a la salida pensaba: “¿Tomaré un taxi?”. Pero llevaba conmigo el monto casi exacto para pagar mi deuda y algún otro remanente…Decidí que no y entonces caminé hasta el Cubo Negro…Pero la duda me mataba. Sabes esas veces cuando intuyes que estás haciendo mal, que eso no es lo que más conviene…Me devolví al CCCT y le pregunté al tipo del taxi que por cuánto me llevaba hasta la UBV…”Hasta la UBV…eso es Los Chaguaramos…” el señor buscó en sus tarifas…”Eso te cuesta…2.500 bolos”. Si pagaba eso me faltaría para lo otro. Así que me aventuré hasta las busetas que van directo a la UBV…Caminé ràpido, ya saben estilo Pedro Navaja, lentes oscuros (pero sin el diente de oro) pa’ que nadie sepa pa’ dónde estoy mirando…

Llegué a la buseta. Allí estaba ella esperando, encendida (la buseta). Poca gente se había embarcado. Me senté en el primer puesto al lado de una señora. Al rato vi que un joven, moreno, alto y flaco se paró cerca del transporte como dando tiempo a que ésta se llenara. Vestía bermudas y zapatillas de goma sin medias. Llevaba drelos en el pelo y en sus brazos a un niño como de cinco años. Cuando el chofer subió el joven entró. Cargaba también una bolsa de pan…Y empezó Cristo a padecer…El joven, de unos 25 o 26 años, comenzó a hablar y palabras más palabras menos, esto dijo mientras el chamito pelaba una mandarina que comenzó a comer gajo a gajo:

“Buenos días mi gente. Yo lamentablemente voy a tener que molestarlos y requerir de ustedes que me den por favor lo que tengan..Anillos, relojes, teléfonos, cualquier cosa porque tengo que comprar comida y además pagar la renta…Este chamo es mi hijo, es mi bendición, por él hago todo esto. Y yo los bendigo a ustedes también y entonces pasaré de puesto en puesto recogiendo sus valores. No quiero que mi chamo vea cosas feas yo hago esto por necesidad. Colaboren y nada pasará porque miren lo que cargo aquí”…

Yo no podía creer lo que oía. Lo primero que pensé fue “¡Mierda! ya estoy en las estadísticas”…Me quedé paralizada. Un frío me recorriò la mèdula y no hice nada. El tipo pasó a mi lado pero no se dirigió a mi, ni siquiera me miró. Yo abracè el morral porque ahí llevaba la plata para pagar lo de la laptop y esperé…esperé mi turno. No hablé, no me moví…El agresor caminó hacia atrás, no paraba de hablar mientras iba de puesto en puesto. Nadie se quejaba y él echaba en un bolso de tela las cosas que le daban. Aquello duró una eternidad. Pasó a mi lado de nuevo y se detuvo justo frente a mi. Entonces le dijo al chofer (no sin antes vaciarle las ganancias del día) “déjame en Farmatodo, hermano, que ahí me espera mi esposa”. Nos contó que el niño tenía tos y que en el CDI le habían regalado las medicinas. “Esto es pa’ la fiebre y esto pa’ la tos”.

Cuando se bajó, a laaltura de Farmatodo en Las Mercedes, el niño estaba terminando su mandarina. “Muchas gracias y que Dios me los bendiga a todos”, dijo. Habían pasado siete minutos desde que la buseta arrancó de la parada.

A mi no me quitó nada…Todos comenzaron a gritar pero no se veía ni un policía.El chofer no se detuvo y siguió cargando pasajeros. Llegué a Ciudad Banesco y salí de allí agradeciendo a Dios, al Universo, a mis ángeles, que por siete minutos me borraron del mapa.

La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida…

 

 

 

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