Debate ético: según The New York Times, terrorista que mató al embajador ruso era “elegante” y “bien vestido”


El medio estadounidense The New York Times suma otro desacierto en su forma de hacer periodismo. No contentos con la difusión de noticias falsas, especialmente durante la campaña electoral presidencial de Estados Unidos, ahora se erige difusor de terroristas, como el caso del policía turco que asesinó a tiros al embajador ruso en Turquía, Andrei Kárlov. El ya no tan “prestigioso” periódico, dio más importancia a la foto del asesino y la mantuvo por horas en su portal, minimizando a la víctima y destacando la “elegancia” del agresor…Con este hecho se plantea de nuevo el dilema moral y ético del periodismo. Tanto la foto como el escalofriante video de los últimos minutos de vida del embajador, han recibido millones de “likes” pero también ha aumentado la decepción en los amantes del periodismo serio y responsable. La foto ha sido vendida por muy buen dinero…Usted ¿qué hubiese hecho? Le invito a leer este análisis tomado del portal Venezuela Times

La noticia del atentado que acabó con la vida del embajador de Rusia en Turquía, Andrei Kárlov, dio la vuelta en mundo en pocos minutos, capturando la atención del público por lo atroz e inesperado de la situación.

Diversas fueron las fotografías y videos que aparecieron en la web retratando el hecho; no era para menos, el asesinato se dio en medio de una inauguración a la que convocaron diversos medios, en la que fotógrafos y periodistas lograron captar el aciago acontecimiento.

Una de las fotografías emanadas de tan horrendo crimen, captó poderosamente la atención, tanto así que el New York Times (NYT) la publicó en la página principal de su portal web. La fotografía inmediatamente fue catapultada al consumo masivo.

No obstante, la foto no duró mucho en la portada; al día siguiente ya había pasado a un segundo plano, pese a que las noticias relacionadas al atentado seguían ocupando un espacio importante en la portada del portal. Fotos del embajador en vida, del atentado y una nueva infografía ocuparon su lugar. ¿La razón? Parece ser que ante cientos de quejas, vinculadas a vacilaciones morales y éticas, los editores del NYT le bajaron el perfil a la fotografía.

De hecho, fueron tantas las críticas y fue tan escabrosa la situación que el NYT publicó una pequeña entrevista explicando las razones por las cuales decidieron publicar la foto en cuestión en su portada. El argumento principal es que la noticia era muy importante “debido al rol de Rusia en Siria y las tensiones entre varias facciones y países”. En ningún momento se forma sensible el tema. Lejos de eso, el principal responsable de la publicación de la foto reconoce el estilo “elegante” del terrorista.

Pese a las explicaciones y al bajón de perfil, ya el daño estaba hecho.

Fueron numerosos los comentarios de usuarios que critican la glorificación del asesino y el culto a la violencia que sugiere la fotografía: el primer plano del terrorista da mayor importancia a éste que a su víctima, quien aparece tirado en el suelo, con parte de su cuerpo fuera del encuadre y en segundo plano, pero lo suficientemente presente como para conmocionar a quien vea la foto.

El terrorista, un policía turco, aparece elegantemente vestido con traje y corbata, incluso bien afeitado y peinado, todo lo contrario a la imagen vilipendiada por el cine hollywoodense del terrorista musulmán con bata y turbante. La foto no sugiere en absoluto los estereotipos a los que está acostumbrada la sociedad occidental cuando se refiere a un terrorista, mucho menos si tiene que ver con Medio Oriente. Ciertamente Turquía no es un país árabe pero el atacante en sus palabras expresa “solidaridad” por el conflicto sirio y a los yijadistas.

Desde la posición ofensiva del cuerpo del verdugo y su lenguaje corporal; la pistola amenazante en su mano derecha; la otra mano histriónica en el aire con su dedo índice apuntando hacia arriba; su dramático rostro lleno de ira mientras vociferaba ideas extremistas y fundamentalistas; todo parece extraído de un fotograma de una película de villanos glamorosos al mejor estilo de Quentin Tarantino o de Guy Ritchie (a lo Reservoir Dogs o Rocknrolla, respectivamente).

Precisamente, esto es lo que llama la atención. Una foto como ésta es vendida masivamente como fotoperiodismo pero el simbolismo implícito en ella, eleva a un terrorista desconocido a una especie de rockstar o villano glamoroso. La imagen termina otorgándole poder y propaganda a quien no debe.

Cabe preguntarse, cómo sería el tratamiento proporcionado a la misma fotografía pero cambiando el hecho de que la víctima fuera un embajador estadounidense y no un diplomático ruso. ¿Hubiese actuado de la misma manera el NYT? Ojalá no tengamos que responder esa pregunta.

Pero en vista a la “rusofobia” que actualmente propaga la saliente administración presidencial en connivencia con los grandes medios de comunicación, los mismos que impulsaron la perdedora candidatura de Hillary Clinton y por ende al establishment norteamericano, no está de más mirar más allá de los hechos evidentes.

¿La imagen busca suavizar el impacto que cualquier otro terrorista generaría o hacerlo más humano, más “digerible”? ¿Es menos grave que la víctima sea un embajador ruso porque su país sacó a los rebeldes “moderados” de Alepo? ¿Quién es más importante, el terrorista elegante o el diplomático asesinado? Juzgue usted por su cuenta.

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La imagen capturada por el fotógrafo de la AP, Burhan Ozbilici, fue lo más destacado del New York Times, dejando en segundo plano la muerte del embajador Kárlov 

Esto fue lo que dijo Phil Corbett, editor asociado encargado de normas éticas del diario, que participó en la decisión de utilizar la foto:

“En este caso, creo que todos estamos de acuerdo en que la imagen debe estar en la página principal. En primer lugar, se trata de una noticia importante, dada la participación de Rusia en Siria y las tensiones entre los diferentes países y facciones. Y la imagen muestra muy claramente la naturaleza impactante del ataque (con mucha más fuerza, creo, que una mera descripción de la historia en sí). El hombre armado bien vestido,  elegante… todo esto es parte del valor de las noticias. Y mientras que la imagen es sorprendente, no es sangrienta o sensacional de manera gratuita”, explica.

Preguntado sobre por qué no recortar la imagen para que aparezca el hombre armado, pero no el cuerpo del embajador, Corbett responde que  eso sería realmente socavar el poder de la imagen de prensa. Si la imagen había sido sangrienta o espantosa se puede haber tenido en cuenta esa opción, pero -en su opinión- no era necesaria.

portada-nyt

Portada del 20 de diciembre del medio estadounidense que generó muchas críticas

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