La pólvora que mata a unos y entretiene a otros


El Papa Francisco debe ser, a estas horas, un convencido de que nada de lo que él dice, pide y/o exige, se cumple. Con todo y ser el Papa más mediático de los últimos tiempos, estrategia de la Iglesia Católica para mercadear su maltrecha imagen, ya que al menos en América Latina disminuyó el número de “fieles” en 13%, los poderosos con los que se retrató no hace mucho, siguen masacrando gente en guerras incluso olvidadas, o derrochando recursos en cosas tan volátiles como los fuegos artificiales. Una nota al margen es que mucho antes de Francisco, los católicos lanzaron al mercado unos muñecos horribles, llamados “vocacionales”, en la forma de un cura (con cara de gozón) y una monja para que jóvenes, niños y niñas se inclinaran por la carrera religiosa. En otra nota al margen nos viene a la memoria una frase de Bertrand Russell, de su texto fundamental “Por qué no soy Cristiano”. Dice Russell: “Afirmo con total convicción que la religión cristiana organizada como Iglesia ha sido y es aún la principal enemiga del progreso moral en el mundo”

Pero no es eso lo que nos ocupa en este primer artículo del año, escrito aun entre los vapores de la noche vieja y un primero de enero inusual porque nos sorprende 2016 arreglando en la alacena nuestros regalos de Navidad: jabón en polvo, desodorante y champú, intercambiados por azúcar, leche, papel tualet y hasta una rareza: café…La inflación nos privó de los estrenos y hasta de las uvas. Nada de lentejas en la mano izquierda y en la derecha un dólar. A lo sumo dar la vuelta a la manzana con una maleta vacía, eso sí, rápido, porque el hampa acecha y eso del patrullaje inteligente son sólo unas letras en los carros de la policía.

Pero de eso tampoco se ocupa este artículo. No. Más bien queremos recrear aquí esto de los fuegos artificiales y por eso encabezaba con el Papa Francisco, pues una de sus muchas súplicas fue la de terminar con la “arrogancia de los poderosos” (¿se lo habrá dicho a Obama?), con la “falsa neutralidad” ante los conflictos, el hambre, los refugiados, víctimas de esos mismos conflictos que el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó, violando su propio principio de preservar la paz mundial (¿es un chiste eso o un cliché de los concursos de belleza?)…La lucha contra la pobreza, las desigualdades; celebrar la navidad así con tanto derroche, eso también lo cuestionó, porque según él quién sabe dónde estaremos en las próximas fiestas, es decir las de este año, pero no le hicieron caso y los países como Bélgica, Francia, China y Estados Unidos que no celebraron la Navidad y Año Nuevo “como Dios manda” (aunque en Nueva York no faltó la espectacular bola de cristal en Madison Square Garden) no fue por obedecer a Pancho, no, sino porque se podía confundir la cosa con ataques terroristas de los yihadistas. Rusia también fue discreta en eso y ni siquiera abrieron la Plaza Roja, recibiendo 2016 de manera austera y tranquila.

Las súplicas del popular Pancho se volvieron literalmente “pólvora” en Dubái, Australia, Nueva Zelanda y hasta en Chile por mencionar sólo algunos, que gastaron sumas obscenas en pirotecnia. Por ejemplo Chile, un país abrumado por los terremotos y las amenazas de tsunamis, por la lucha de miles de estudiantes que reclaman una educación gratuita, reservó casi 200 millones de dólares para un espectáculo de fuegos artificiales contratado a una empresa española, cuyo gerente general, Jorge Cayuman, aseguró que ahora esos petardos son más “ecológicos” gracias a una tecnología “más amigable con el medio ambiente”.

En Dubai, en 2014, se gastaron seis millones de dólares en fuegos artificiales, obteniendo por ello un puesto en el libro Guinness. Esta vez, la emblemática torre Al Jalifa, contribuyó de manera involuntaria con la candela y se incendió, justo cerca de la medianoche, pero ni siquiera ese suceso hizo desistir a las autoridades del Emirato de su soñado espectáculo pirotécnico. En Australia fueron más de cinco millones de dólares esparcidos por los aires.

Los fuegos artificiales en Dubái y Nueva Zelanda nos recordaron aquellas imágenes de la primera guerra que los gringos nos transmitieron en vivo y directo el 17 de enero de 1991, en Bagdad, en un nuevo tipo de ataque y tecnología avanzada, pero el efecto visual era el mismo de esos fuegos artificiales sólo que la artillería antiaérea respondía desde tierra y entonces se entrecruzaban en el aire aquellas saetas incandescentes que de “amigables” no tenían nada. Observamos esa escena con los ojos llenos de lágrimas, en la redacción del desaparecido diario Economía Hoy porque eso no era Hollywood sino la vida real. Desde entonces, cada 31 de diciembre, cuando Caracas se estremece con cohetes y petardos del tipo “Bin Laden” decimos a los niños: “mira, parece Bagdad”.

Tanta pólvora para entretener y matar al mismo tiempo…Sociedad de riesgo, males de la modernidad.

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Bombardeo en Gaza, diciembre 2014

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Dubái, fuegos artificiales. Diciembre 2014

 

 

 

 

 

 

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