En Cúcuta provoca agarrar nuestros productos y traerlos a Venezuela


BRIGITTE 2

Brigitte Mendoza, estudiante del último año de Comunicación Social (UBV)

Parte de la crónica escrita por la estudiante de la UBV Brigitte Mendoza, del grupo que viajó a la frontera el pasado 4 de junio

En el III Foro sobre “tratamiento de la información periodística en zona de frontera”, impulsado por la Universidad Bolivariana de Venezuela, y que tuvo lugar el pasado 5 de junio, logramos conocer las distintas formas de pasar alimentos y productos venezolanos a Colombia a través de trochas, vehículos, bicicletas, motos y también adheridos al cuerpo humano.

A plena luz del día es increíble cómo más allá de los controles oficiales, estos grupos organizados surten sus negocios y revenden veinte veces más caro los víveres que extraen ilegalmente de Venezuela.

Una Respuesta Legal

El 03 de marzo de 2015 en el Palacio Legislativo, la Fiscal General de la República, Luisa Ortega Díaz, anunció que “el Ministerio Público trabajó activamente para hacer efectiva la responsabilidad de las mafias organizadas e incautar alimentos y material estratégico. Fueron aprehendidos por esos casos 2.606 personas, entre ellas se acusaron a 1.019 de las cuales ya han sido condenadas 218 por admisión de los hechos, es decir, aceptaron y reconocieron que sí habían incurrido en el delito de contrabando”

El segundo comandante de la GNB en San Antonio del Táchira, Mayor (GNB) Abraham Suárez, reveló durante el foro realizado en la sede del Destacamento 212, que es preocupante el incremento de mujeres contrabandistas de ambas nacionalidades, es decir, venezolanas y colombianas porque asumen que no serán revisadas por los funcionarios.

BACHAQUEO FEMENINO

Banda “Las Comadrejas”

Estos grupos, según expuso el Mayor Suárez, se organizan para degradar a la sociedad venezolana burlándose insolentemente, trasladando de manera ilegal  los productos básicos que además están subsidiados por el Estado Venezolano, y que para el mercado interno colombiano representan un mayor valor.

En Contra del bando

Cuando cruzas la frontera y caminas por el Centro de Cúcuta y por el sector llamado La Parada, los colombianos ya sea de forma intencional o no, te tocan la fibra humana del nacionalismo, lo que decimos sentir cuando estamos en un país ajeno. Hay que saber canalizar las emociones al ver cómo todos nuestros productos básicos los tienen ellos porque sinceramente lo que da son ganas de llorar, agarrar esa mercancía y traerla arbitrariamente a nuestro país, como muchos de ellos lo hacen para revenderlos a sobreprecio.

“¿Cuándo van a sacar al…?”

No es fácil asimilar que desde un micrófono te identifiquen como venezolano y te griten en plena calle de Cúcuta: “¿Cuándo van a sacar al loco de Miraflores?” o “hágame el favor y respete” por tan solo tocar los productos; o cuando entras a estos llamados “supermercados” y preguntas por una gelatina mediana para cabello te respondan que cuesta $ 3500 lo que equivale en nuestro país a Bs. 500; O un suavizante de 2 litros a $17.500 y al cambio  son Bs.2.500. El desodorante MUM lo venden en $ 1000, es decir, Bs.142,85: El aceite Mi Casa producido en Venezuela por la Misión Alimentación desde el año 2003 y distribuido en la red Mercal también cuesta $1000 (Bs.142,85) mientras el precio justo es menor a Bs. 50. Hay que ver para creer la gran usura que está afectando  al país y que el sentido de pertenencia de defender lo que es de nosotros se avive nuevamente.

Puedes ver cómo todos los negocios están  abastecidos pero nadie compra ¿Por qué? Porque no todos los colombianos tienen acceso a eso. Y porque siendo venezolano (sí se es nacionalista) jamás actuaremos para contribuir con esta guerra sucia.

Ver a cada cuatro metros de distancia estaciones de gasolina llamadas pimpinas o bidones en el Barrio la Parada es considerado algo normal en ese lugar. Estos negocios propician el contrabando desde sus mismos hogares, pues hay casas que son mitad hogares, mitad depósitos y mitad negocios. Donde poseen desde medicinas hasta pañales para bebés. Eso nos da un indicio del por qué nos miran de mala manera, nos insultan, nos creen seres dominados por ellos.

Los dueños de estos negocios trabajan horario corrido, tienen cuando mucho tres personas bajo su cargo, en su mayoría son de nacionalidad colombiana. Presenciar la participación de venezolanos en el contrabando, verlos descargar nuestros productos desde un carro con placa colombiana, y entregarlos al dueño del local sin mediar palabra (como si nada), nos permite comprobar que es algo normal y que su recompensa económica la tienen en sus cuentas venezolanas.

Este tema tan complejo puede ser abordado desde distintas ciencias sociales permitiendo visibilizar la problemática que afecta directamente a la sociedad venezolana, y que a través de herramientas factibles se sigan incrementando políticas públicas viables para minimizar y lograr acabar el contrabando de extracción.

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