¿Cómo se fabrica un rumor?


A propósito de la presunta masacre de 28 mineros ilegales en Tumeremo, estado Bolívar, denunciada por el diputado opositor Américo Di Grazia y desmentida por el gobernador de esa entidad, Francisco Rangel Gómez…

Poco después de la rendición del Japón, en 1945, un hombre llega a la ciudad de Maine, en Estados Unidos. Era un profesor chino que paró su carro para preguntarle a alguien cómo podía llegar hasta una colina que, según su guía turística, era ideal para una buena vista panorámica del lugar…Después de una hora, circulaba el rumor de que un “espía japonés” había llegado al sitio para “tomar fotos”… Es decir, de chino pasó a ser “japonés”; de hombre o profesor, fue transformado en “espía”; la foto o guía turística que llevaba en la mano se cambió por una “cámara fotográfica” y el deseo de disfrutar de una buena vista fue entendido como la intención de “tomar fotografías”. Lo demás lo puso el imaginario cultural, alentado por una guerra que acababa de concluir. Se trata de un relato de los investigadores Leo Postman y Gordon Allport, recogido en su libro “Psicología del Rumor” (1947).

Independientemente de que han sido criticadas las investigaciones de Postman y Allport, el ejemplo describe claramente cómo actúa el rumor en las sociedades y el efecto que pueden causar.

En 1945, también Allport y Postman realizaron un experimento para demostrar cómo se construye y desarrolla un rumor: mostraron una fotografía a varios participantes que tenían que describirla a quienes no la habían visto. Luego esta persona se la describía a otra y así sucesivamente. Tras la quinta “re-descripción”, se demostró que sólo el 30% de los detalles originales se habían conservado. Lo demás era por cuenta de la “fantasía”. Los investigadores establecieron entonces tres niveles del rumor:

Nivelación: el rumor se vuelve más corto.
Agudización: se enfatizan y exageran ciertas características.
Asimilación: se distorsiona según los intereses, las agendas y prejuicios de quienes lo difunden.

Enfermedad social
Los niveles de stress e incertidumbre pueden alimentar aún más el “tamaño” del rumor, convirtiéndolo en una verdadera “bola de nieve”, con una fuente que lo elabora deliberadamente por un motivo específico. Asociadas al rumor están las teorías conspirativas y del complot, fabricadas en situaciones de calamidades naturales, crisis políticas y golpes de estado que afectan a un gran número de personas, a pueblos y naciones enteras y que, evidentemente, tienen una clara intencionalidad: crear más incertidumbre, generar pánico, miedo…Desestabilizar.

Las teorías conspirativas “son historias sobre complots encubiertos a cargo de grupos con un objetivo específico en mente” (Michael Ritter, 2000). El objetivo puede ser legal o ilegal pero las acciones siempre serán subversivas.
Para Robert Knapp (“Una psicología del rumor”, 1944), el rumor, sacado de los laboratorios de psicología, se considera una enfermedad social y un hecho patológico a raíz de la Segunda Guerra Mundial cuando la entonces recién conocida “guerra psicológica” estaba en su apogeo. Para este autor, el rumor es una proposición para creer, de un tema de interés, difundida sin verificación oficial. Una noticia no controlada, que se suele propagar oralmente y que consiste en la repetición entre las personas de algo realmente sucedido. Es, pues, también, un arma de guerra…

En otras clasificaciones encontramos:
Rumor espontáneo: noticia cuya propagación no es organizada.
Rumor dirigido: creado con la intención de desinformar y aprovechar esas condiciones con propósitos bien definidos. El rumor se convierte en un arma cuando el enemigo, conocedor de su papel como elemento movilizador, lo utiliza en su beneficio.

El rumor también se define como un proceso de distorsión de la información que permite la solución colectiva de un problema. Su esencia es el movimiento, la emergencia. Lo que caracteriza a un rumor no es su carácter verificado o no, sino su origen no oficial.

Lo que Albert y Postman redujeron a una fórmula según la cual rumor es igual a importancia por ambigüedad (R=I x A), Ralph Rosnow (1976) lo reformuló sobre la base de tres factores:

– Incertidumbre general en un clima de ambigüedad
-La credibilidad del rumor es la confianza en el rumor, en su veracidad, es decir retransmitirlo es una forma de santificarlo
Excitación: el rumor rompe la rutina, produce un efecto dramático “se siente placer al saber que alguien está pasando por momentos de sufrimiento”

Una de las críticas a Albert y Postman es que concedían demasiada credibilidad a los medios de comunicación. Es decir, si un rumor o noticia no confirmada se publicaba en un medio “de prestigio”, ya ese sólo hecho bastaba para darle “seriedad”: “No siempre sabemos si estamos escuchando la relación de un hecho real o un engendro de la fantasía. Una noticia fechada, presentada a todos los lectores de un diario de reputación intachable puede tomarse por lo común, como una prueba intachable” (Allbert y Postman, 1947,12). Y esto ha ocurrido cientos de veces.

Luego se ha comprobado con creces que ningún medio de comunicación es inocuo y que sus intencionalidades están muy bien definidas en pro de sus intereses.

Pero todas estas teorías sobre el rumor surgieron antes de Internet y de las llamadas redes sociales, las cuales conceden razón a las presunciones de Postman y Allport sobre sus efectos. Las redes sociales, especialmente twitter, son una fuente peligrosísima para “sembrar” y difundir rumores con pretensiones de hacerlos reales pues los medios de comunicación las han convertido en “fuentes de información” que a veces ni siquiera se verifican. Debemos tener en cuenta que un rumor no “muere” sino que se transforma y termina siendo, muchas veces, la noticia del día.

Los mensajes de texto en los celulares, el WhatsApp, a través de los cuales se envían cientos de cadenas todos los días y ciertamente nada bueno anuncian. Ayer mientras veníamos en el tren de Cúa hacia Caracas, una señora me mostró uno de esos en “vergatario”. “Los colectivos no dejarán entrar a Maduro a Venezuela, la cosa se pondrá peor, compra comida, velas, linternas, pilas…”

En otras clasificaciones tenemos:
Rumor deseo: tiene como fin esencial desmoralizar a sus receptores: “será muy difícil resolver el problema de la escasez y el desabastecimiento”; “Maduro no sabe lo que hace”.
Rumor amedrentador: surge en períodos de tensión social, catástrofes, crisis políticas, golpes de Estado dictatoriales: “No dejarán entrar a Maduro cuando llegue de su gira”; “Puede venir otro tsunami”; “seguirán los ataques terroristas”.
La enfermedad del presidente Chávez es muestra de cómo la información no controlada ganó espacios importantes. Los rumores también son como los anónimos, y lo más recomendable es no responderlos aunque sí se haga seguimiento a sus efectos.

“Me dijeron que…”
“Me lo dijo mi vecina que su hija conoce al chofer del escolta del Ministro tal…”; “Me lo dijo alguien muy cercano a…”; El partido “me dijeron” es el gran propagador de rumores y no sólo en Venezuela. Para decirlo con palabras del semiólogo argentino Eliseo Verón: “El rumor es la voz que habla sin responsabilidad, porque no hay pruebas. Su tono condicional, anónimo, que nadie enuncia en su propio nombre, circula como palabra colectiva (…) existe un juego entre anonimato y verdad. El enunciante, cuando transmite el rumor, no se hace cargo” (Cuadros de Costumbres: la Paradoja del rumor, citado Por Michael Ritter, 2000)

Nota de la autora: artículo originalmente publicado en aporrea. org (actualizado)

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