Tregua de Navidad…


Mi hermano Gregori era ateo, pero respetaba las creencias ajenas. Una vez hizo un viaje a Europa y anduvo tanto que fue a tener a Jerusalen. A su regreso me dijo: ” de verdad uno siente algo allí, algo como una presencia, no sé explicarlo”. Que él haya confesado eso para mi significó mucho pues me ratificaba la humildad de mi hermano ante lo desconocido…

Igual sensación habrán tenido aquel 24 de diciembre de 1914, los soldados antagonistas cuando en plena I Guerra Mundial, sintieron deseos de detener las hostilidades para cantar villancicos y celebrar lo que para los católicos es el nacimiento del Niño Dios. Lo que entonces se conoció como la “tregua de Navidad” hace mucha falta al mundo de hoy, cuando aún las guerras que persisten siguen cobrando vidas humanas y enlutando hogares.

Estos días finales del año siempre pasa igual. Necesario es mirar atrás para repasar lo acontecido, lo que hicimos y dejamos de hacer. la gente que dejamos en el camino, las decisiones que nunca tomamos; los errores; los momentos que nos llenaron de alegría, las satisfacciones y también las tristezas, nuestras guerras internas. Los amigos que pasaron a otro plano y que ahora son estrellitas en nuestro cielo, el dolor de sus familias y de sus seres más queridos.

Las tragedias que sacudieron al mundo y a nuestro propio paìs, las injusticias que, aunque las creamos ajenas, siempre nos van a afectar porque nada es coincidencia. Pienso especialmente en las madres de Gaza, de México, de Ucrania. Su dolor lo hago mío.

Este año 2014 fue difícil, fue intenso y todo lo ocurrido debe ser un aprendizaje para seguir adelante con alegría y esperanza. Los días finales del año son, entonces, de obligada reflexión para la acción futura. De agradecimiento por la vida vivida.

Y si aquellos soldados tuvieron la humildad de mirar a los ojos a sus enemigos entonces ¿por qué no intentar esa misma tregua en nuestro entorno?

Una tregua que no nos viene mal ¿verdad? aunque después retomemos nuestras miserias porque lo más difícil, a veces, es vencer el orgullo. Que la esperanza de un mundo en paz nos alimente siempre…

Haz el amor, no la guerra…

 

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