Simplemente Chávez


Este 8 de diciembre de 2014 conmemoramos en Venezuela el “Día de la lealtad y el amor al comandante supremo Hugo Chávez y a la Patria”. Así se lee en la Gaceta Oficial Nº 40.286, del 5 de noviembre de 2013. Yo prefiero llamarlo sin tanta parafernalia el día que Chavez se despidió, porque necesito seguirlo teniendo vivo en sus ideas y no como un ser de otro mundo, como un ser “supremo”, ese que según dice Julián Conrado en su canción “El Arañero” quieren mantener lejos del pueblo…Tan alto nos lo han puesto que luce inalcanzable y Chávez debe seguir aquí en nuestra Pachamama, con su verbo y su intelecto para que nadie olvide su legado como, en efecto, algunos que quedaron dentro del gobierno bolivariano, ya lo han hecho.

Aquel 8 de diciembre cada quien vivió su momento con Hugo Chávez. Es increíble cómo la gente recuerda qué estaba haciendo a esa hora, dónde y con quiénes se encontraba, qué pensaba y cómo le afectó la alocución presidencial. Es la muestra de un gran acontecimiento que toca tus fibras y te cambia la vida. Ese día Chávez nos volvió a cambiar la vida ¡y de qué manera!

Pero ese cambio era definitivo y no lo supimos sino mucho después. Por eso me parece un irrespeto burocratizarlo en un decreto para realizar actos oficiales y dejar por fuera lo que realmente importa: sus ideas.

Ahora estamos viviendo la era post Chávez, algo que muy dificilmente la gente imaginó siquiera. Recuerdo que en un aniversario del portal  http://www.aporrea.org se planteó un escenario sin el presidente Chávez porque teníamos la certeza de que el líder del 4F era blanco seguro para Estados Unidos desaparecerlo por lo que significó y significa en este lado del mundo y que muy bien ya estaba salpicando al otro. Esa vez yo mentalmente hice un “paneo” por los rostros de aquellos de su entorno, los “presidenciables” y francamente ninguno me parecía idóneo para asumir las riendas del país…Sin Chávez.

Pero el 8 de diciembre de 2012, Chávez, como siempre, trazó la ruta. Desde 2011 trabajó incansablemente para dejar todo listo, especialmente su Plan de la Patria. Estábamos viviendo años tormentosos en Venezuela. La oposición siempre pesca en río revuelto, no tiene un plan de vuelo, no sabe adónde va y en su desespero comete locuras. Por esos días a veces me despertaba en la noche preocupada por las cosas que ocurrían, pero entonces pensaba que Chávez estaba en Miraflores, despierto, trabajando, reunido con alguien, buscando soluciones y eso me tranquilizaba y me volvía a dormir…A mucha gente le pasaba eso.

A Nicolás Maduro le ha tocado luchar con esa oposición loca, al tiempo de enrumbar al paìs, mantenerse en el poder y por si fuera poco construir un perfil propio. Es el líder indiscutible de Venezuela que ha logrado desdibujar a los figurones del majunchismo. Lo malo es que no acepta las críticas. Lo malo es que la corrupción aún no ha sido golpeada como esperamos; lo malo es que posiciona a gente que fracamente lejos de ayudar enloda; lo malo es que en este gobierno chavista ha recrudecido una suerte de estalinismo que intenta apartar a la dirigencia incómoda. Aunque más que estalinismo yo prefiero llamarlo “adequismo”, ese que construyó el mismísimo Lewis Pérez, amparado por el caudillo Luis Alfaro Ucero, quienes “borraban” de sus computadoras a todo aquel que no pensara como ellos. Y a eso le llamaban “exclusión”.

Pero esta etapa es crucial porque el verdadero legado de Chávez es ese nuevo “sujeto social” del cual habla el director de la empresa encuestadora Hinterlaces, Oscar Schemel. Se trata de un chavista crítico y autónomo, formado al calor del pensamiento de Hugo Chávez Frías, y ese sujeto social es el que puede lograr y perpetuar las transformaciones necesarias de nuestra sociedad.

Hace un año escribí dos posts que en mi opinión no han perdido vigencia y hoy quiero retomarlos: uno está escrito “desde mi corazón” y se titula “Chávez: ¡qué error tan fundamenta!” y el otro desde la crítica: “Querido Chávez, adónde se fue tu socialismo” Se los dejo para la reflexión en una fecha tan especial: el día que Chávez se despidió, pero así, sin adjetivos, sin calificativos. Porque así le gritaba su pueblo en la calle: “¡Chávez, Chávez!: “Simplemente Chávez”.

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