Interstellar o mudarse de planeta


Escogimos esa película porque en el afiche se anunciaba el fin del mundo y siempre me han atraído los desastres naturales pero, eso sí, en el cine. Imaginé tunamis, terremotos y otras catástrofes y decidimos entrar.

Interstellar (2014, Paramount-Warner), la última locura de Christopher Nolan, quien se hizo asesorar por el físico Kip Thorne, resultó un film alucinante con una extraordinaria banda sonora y un staff actoral realmente de lujo encabezado por Matthew McConaughey (El Club de los Desahuciados o Dallas Buyers Club),  Anne Hathaway, Michael Caine y Matt Damon, entre otros…

Francamente me quedé dormida los primeros minutos de la película pero en la sala había alguien tosiendo mucho. Una tos alarmante que me despertó en la oscuridad del cine y además animó el momento porque la gente a gritos le recomendaba al enfermo: “toma broxol” “échate sábila”. Ya luego me atrapò aquella epopeya espacial que por momentos me pareció un poco lenta.

La certeza de que este mundo ya no sirve para mucho hace que los gringos comiencen a posar su mirada en otro planeta o en otros mundos para conquistarlos y abandonar La Tierra que ya han destruido. No hay comida suficiente y el polvo arrasa con todo. McConaughey (Joseph Cooper) es un ex piloto de la Nasa con una hija super inteligente (Murph Cooper) que descubren a un científico (Michael Caine) quien posee toda una teoría según la cual hay vida en otros planetas y planea mudar a lo que queda de la humanidad para salvarla.

Comienza entonces un viaje tan fascinante como inverosímil, a través de un “agujero de gusano” por el cual podrán llegar a Saturno donde supuestamente se puede vivir.

La industria del entretenimiento hollywoodense ya ha recreado sucesos que han terminado siendo una dolorosa realidad como la caída de las Torres Gemelas o enormes tsunamis con su carga dolorosa de muerte y destrucción. Se nos antoja que se convencieron de que este planeta no tiene cura y por eso hay que dejarlo. Quizás hasta hayan encontrado el sustituto y es precisamente lo que plantea este culebrón: “¡el último apaga la luz!”

Aderezado con una hermosa relación padre-hija, intenta posicionar valores como la solidaridad, la esperanza, el amor, la importancia del tiempo y la palabra empeñada. No me cuadra el rol de Matt Damon (Dr. Mann) a quien encuentran en un mundo muy parecido a las montañas de Mérida y donde los días son de 67 horas.

Nolan no sugiere en su film cómo fue la destrucción de La Tierra (al parecer se volvió polvo) ni cómo la evacuación. Tampoco adelanta si a “Cooper” (nombre oficial del nuevo planeta) sólo fueron a vivir los norteamericanos y los judíos o si dejaron algo para los árabes, los rusos, los negros y los latinoamericanos. Lo que queda claro es que los gringos salvan la humanidad.

En fin son casi tres horas de buenos efectos, buenas actuaciones y mucho para reflexionar.

Yo diría que vayamos haciendo maletas…

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