Aeropuerto


No hay nada más divertido que pasar horas en un aeropuerto esperando tu vuelo. Incluso hay tiempo de escribir pendejadas como ésta…Recuerdo que mi hermano Gregori (Checo) solía bromear sobre esos episodios de la vida que por obra y gracia de los vuelos suspendidos o retrasados, debes hacer del aeropuerto casi tu segunda casa…Te caminas todo el espacio, entras a todas las tiendas y rara vez compras algo. Yo hasta me mido ropa, zapatos, alentando en el vendedor la expectativa de que algo compraré. Descubro que todo me gusta pero nada de aquello me hace falta. Es la gran diferencia entre lo que quiero y lo que necesito, ¿no es eso lo que decía aquella canción de los Rolling Stone?

A estas alturas ya el equipaje está en el avión, así que sólo cargas el de mano. En mi caso sólo un pequeño bolso y el morral donde está lo necesario. Pasan las horas. Ya conté todos los aviones que han llegado y todos los que despegaron…Ya supe dónde están los baños; ya compré los chocolates que me gustan y ya me estoy familiarizando con los rostros de la otra gente…
Una vez el Checo me dijo “ponte a contar cuántas maletas sin rueditas descubres, es fascinante”. Ese día el aguacero que caía en Maiquetía impedía que mi vuelo a Buenos Aires saliera. Los nervios y el tedio eran insoportables pero aquel consejo me ayudó. Desde entonces hago eso. Ciertamente ya nadie usa maletas “normales”, todas tienen ruedas y lo más sorprendente es que algunas exhiben hasta 12, como esas gandolas “carga ancha”…Y esto impide que el artefacto se te voltee cuando caminas como esas de dos rueditas que no pueden con el perolero y el espectáculo de una maleta volteada y arrastrada es sencillamente deprimente…Pero con éstas de última tecnología, de 12, 16 ruedas (son múltiplos de cuatro los modelos) Veo gente que hasta camina literalmente “recostada” de la maleta, o sea, con el codo descansando sobre el asa, pues la cosa anda a tu lado como una fiel mascota, es decir ya no va detrás tuyo, no, va a tu lado y se convierte en un mudo acompañante. Tal vez las hagan ahora con portavasos y hasta puedas convertirla en tu propia mesita de café…Las aeromozas cargan de esas maletas y los pilotos. Así que pasa el rato y no puedo encontrar ni una sola maleta sin ruedas.
Luego me doy cuenta de que olvidé traer un libro para matar el tiempo. “Matar el tiempo”…¡Qué contradicción! ¿Realmente se mata el tiempo? Ya lo “maté” con el jueguito del celular (ese que explota burbujitas) y chequeando correos. ¿Se mata o se pierde el tiempo? Me distraigo pensando en esa pregunta y tengo la intención de comprar el libro pero de pronto recuerdo que he comprado muchos libros en los aeropuertos y que otras veces me ha pasado que compro el libro (como aquel de Cabrujas) y justo cuando me dispongo a leer el prólogo llaman a embarcar. Así que lo cierro y al instante el libro se convierte en una molestia, en un perol más, puej!!. Me enredo con el tiquete de abordaje, el bolso, el morral…El libro y qué fastidio, ¿para qué habré comprado el dichoso libro?. Ya en el avión me digo que ahora sí podré empezar a leer, pero entonces comienza lo inevitable: hablar con el de al lado, y es que tienes que hablar con el de al lado, es casi una norma en este tipo de viajes. Llegas a tu asiento (con suerte no estará ocupado), te instalas; llega el de al lado y hay ese obligatorio cruce de miradas, esa solidaridad automática por si acaso nos vamos para el otro mundo y entonces…¡Se te olvida el libro!; viene la comida y sigue la cháchara hasta que te cansas del de al lado (o él de ti) y reparas en los monitores donde pasan películas que seguramente ya viste, pero el sueño y el cansancio típicos de los viajes en avión (no hay nada que se compare con ese cansancio) vence las ganas de leer y el pobre libro termina relegado a la funda del asiento de enfrente o en el peor de los casos en el piso de la nave…Y ahora me doy cuenta de que esos libros, que yo llamo “libros de aeropuerto” nunca los empecé a leer y, en consecuencia, tampoco los terminé. En casa hay muchos, aunque algunos se han quedado “involuntariamente olvidados” cuando llega la hora del regreso y mira…libro…No cabes en ningún lado, tendré que dejarte, cariño…
Así que despega el avión…Cuando despiertes estarás en otro aeropuerto donde habrá gente pasando lo que horas antes acabas de pasar tú. Ya sabes: gente contando cosas, caminando, más bien vagando por aquellos espacios, visitando tiendas; inventando vainas para matar el tiempo…Pero eso, eso tan simple, también es la vida. ¡Buen viaje!

La espera...

La espera…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s