Los grandes ausentes en la mediática fiesta de los católicos


Si algún día vas a Buenos Aires, no sólo quedarás impactado por su belleza, por sus amplias avenidas y aceras; por sus increíbles museos, por ese cielo azul y austral sobre tu cabeza; por la campechana amistad de los argentinos que en su tierra son los seres más tiernos que puedas conocer. No. También te impactarán las huellas del triste pasado de dictaduras con  su dolorosa estela de más de 30 mil desaparecidos (no hay un solo argentino o argentina que no tenga al menos un conocido con esa historia nefasta), que cada jueves, frente a la Casa Rosada, las Madres de Plaza de Mayo se encargan de revivir con su marcha silenciosa; tendrás que visitar, y se te encogerá el corazón, el hoy museo de la memoria abierta, la ex Escuela de Mecánica de la Armada, ESMA, centro clandestino de detenciones, torturas y muerte de la dictadura de Videla.

Madres de la Plaza de Mayo

Necesario es recordar porque el alma de la fiesta católica de este fin de semana es un Papa mediático llamado Francisco, jesuita argentino, que lleva su gestión con más estilo que contenido y que de alguna manera trata de lavarle el rostro a una Iglesia Católica bastante desprestigiada. Pero ese Papa además ha sido vinculado a los rostros de la dictadura argentina, al Comandante Massera, el temible jefe de la ESMA en esos años de horror, y es un pasado que todavía no nos aclaran lo suficiente. Esas páginas del pasado de “Frank” no fueron leídas, por supuesto, durante el bonche montado para canonizar dos Papas (cada uno con su propia historia, a veces no muy bendita). Más bien se recreó la actitud de Santo Tomás, en un claro mensaje dirigido a los no creyentes, martillando la bíblica frase de Jesús “bienaventurados los que creen sin ver…” Es el problema de la fé. Recuerdo que una vez el Padre Arturo Sosa me dijo en una entrevista: “Claro que la fe existe. Yo vivo de eso”.

Y tenemos ahora a “San Juan Pablo II”, acusado de “mirar hacia el otro lado” cuando reventó el escándalo de los curas pederastas los cuales para el año 2009, según investigaciones publicadas, alcanzaban 20 mil en todo el mundo. Pero además, este santo también fue salpicado por el caso de la muerte, en 1978, del Papa Juan Pablo I, Albino Luciani, (el Papa de la Sonrisa), a los 33 días de Papado, más todas sus conexiones con el Banco del Vaticano. Hechos de los cuales el investigador y escritor británico David Yallop, ha hecho un sostenido seguimiento en dos obras fundamentales “En El Nombre de Dios” y en “El Poder y la Gloria”.

El otro canonizado es el papa Juan XXIII, acaso el que pudiera salir más ileso de algún pasado oscuro. El “Papa Bueno”, el que modernizó a la Iglesia Católica y quien solía decir “Cualquiera puede ser Papa”. Sí, eso ya lo hemos advertido.

Se calcula que en el mundo hay 413.418 sacerdotes católicos y ese auge ha presentado una desaceleración en Europa, mientras que el incremento mayor es en África, Asia y Latinoamerica.  Cuando explotó el escándalo de los curas pederastas se frenó considerablemente el número de seminaristas  entonces la Iglesia sacó al mercado en 2010, un peluche vocacional llamado Fray Juan Pablo  (de ojos saltones y sonrisa sarcástica) que, irónicamente abrazaba y besaba a los niños…Igual ofrecían una monja y pulseritas para las niñas. ¿Regalarias a tu hijo un peluche así?

Los católicos del planeta Tierra ya son 1.214 millones, cifras que obtenemos del Anuario Pontificio pero donde, curiosamente, no se incluyen estadísticas sobre el número de curas pederastas ni mucho menos acerca de cuántos han sido enjuiciados y/o castigados por sus pecados ni cuántas víctimas han dejado tras su accionar.

Sólo en Estados Unidos se contabilizan 300 mil afectados y la Iglesia Católica esgrime como gran cosa lo que ha pagado por indemnizaciones: 2 mil millones de dólares que seguro no borrarán las terribles secuelas. Sin embargo desde México, la vicepresidenta de los Derechos del Niño, Sara Oviedo, afirmó que esas indemnizaciones se lograron a cambio de la confidencialidad para proteger a los violadores. Oviedo, recientemente hizo crudas acusaciones contra los gobiernos, al considerar que éstos se han puesto del lado de las conferencias episcopales.

Pero lejos de un acto de contrición, ante la Comisión de la ONU que investiga el caso, las palabras de Monseñor Silvano Tomassi fueron “se encuentran abusadores entre los miembros de las profesiones más respetadas del mundo (…)” dejando de última la frase “(…) y, más lamentablemente, incluso entre miembros del clero y otro personal de la iglesia”.

Así pues, los grandes ausentes de la costosa fiesta mediática de los católicos no sólo son las víctimas de la pederastia sino también la oscura historia que se cierne sobre el Estado más rico del mundo; o la voz apagada de los que en Argentina aún piden justicia.

Una cosa sí le agradecemos a Francisco: que en la misa de canonización no se haya referido a los guarimberos de Venezuela pues, seguramente, su Iglesia tiene mucho más de qué preocuparse.

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