Yuri, el hombre que vive en una alcantarilla de Las Mercedes


Luisana Colomine

Yuri duerme cada noche con una caminería en su cabeza, en una cosa que se llama “aliviadero” o alcantarilla. Un hueco que hacen en las avenidas para que corra el agua por allí y pase directo al río…El catre se ubica a escasos 30 cms del techo, en un espacio de unos dos metros de ancho donde hay, además del catre, una mesita, una cocina pequeña y una caja que funge de biblioteca. Allí atesora nueve libros (bueno ya son 12 con los que le regalé)

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Está a la salida del elevado de las Mercedes, frente a la heladería Crema Paraíso

Tanto tiempo pasando por allí. ¿Quién no se ha detenido a comer algo en la Crema Paraíso de Las Mercedes?. Ese día andábamos buscando un bombillo y fuimos a esas supertiendas Ferretotal y Daka pero los anaqueles estaban casi vacíos. Nada del bombillo. Así que retomamos la marcha. Había tráfico lento. Yo me distraía tomando fotos (siempre ando tomando fotos) y no sé porqué me llamó la atención el hueco ese…La cola arrancó y avanzamos hasta que el carro se detuvo justo frente a la alcantarilla y yo miré distraídamente hacia allí…Lo que vi me impactó.

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¿Lo ven?

Eran unas piernas cruzadas y claramente la cabeza de alguien ¿meditando? ¿contemplando al mundo? Allí estaba, de lo más tranquilo…¿Pero cómo es posible? ¿Hay una persona allí?  ¿Eso es una “casa”? Me quedé con esa imagen en mi mente por varios días hasta que decidí investigar quién diablos podía ser aquel que, además, se veía tan relajado y en paz…

Días después llegué de nuevo al sitio. Crucé a pie la gran avenida y llegué a la caminería. Me asomé por el hueco y vi al hombre al fondo…

– ¡Esa no es la entrada! ¡Quítate de ahí!- me gritó – Tienes que dar la vuelta por arriba

“Ah – pensé- la casa tiene entrada principal. ¡Vaya!”, y crucé la caminería hasta el otro lado…Me asomé y el río Guaire me saludó. Allí estaba la “entrada principal” de la casa…

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Por este lado la alcantarilla es un poco más alta…

Entonces emergió…

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Esto, realmente, es increíble…!

¿Usted vive allí?

– ¡A mucha honra!

¿Podemos hablar un ratico y hacerle unas fotos?

– Ok. Pero voy a vestirme porque ya tengo que ir a trabajar…

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Realmente se arregló para a foto. Le he visto varias veces y siempre carga esa guirnalda de “la hora loca”…

Y fue así como conocimos a Yuri, cuyo verdadero nombre es Angel Rafael Briceño López, natural de Paraguaná, estado Falcón, “la tierra de Alí Primera”, según nos dijo. Ya tiene siete meses viviendo en esa alcantarilla este hombre de casi 60 años de edad…

– Soy pobre y vivo de acomodar carros allí en la heladería. Lo poco que gano con las propinas de la gente me da para comprarme mis cositas. Lo importante es amanecer con vida todos los días ¿no?. Estuve un tiempo con una hermana que vive aquí en Caracas pero no le caí bien a su novio y entonces me fui. Mejor es no estar donde a uno no lo quieren. Anduve deambulando por ahí hasta que un día comencé ahí. Los dueños de la heladería me permitieron trabajar, porque el caos era muy grande.

¿Profesión u oficio?: espontáneo

Yuri trabaja como “espontáneo”, ese nuevo oficio (¿o sub empleo?) que se ha incrementado en Caracas gracias a la anarquía que reina en casi todas sus calles. Los espontáneos viven de las propinas, no tienen Seguro Social ni cestatickets tampoco rinden cuentas a un jefe; sólo trabajan en las horas pico del día y en los sitios de mayor tránsito; donde no hay semáforos, o donde sí hay pero no sirven; en los cruces peligrosos; donde no hay nadie que ponga orden; o en esos negocios donde la afluencia de clientes es grande como Crema Paraíso. En honor a la verdad, estos espontáneos hacen una labor encomiable y no molestan a nadie. Forman parte de esa legión de excluidos que aún la revolución no cobija en su seno. Son una consecuencia de la sociedad de riesgo que, a su vez, generó la modernidad y el capitalismo, como lo ha estudiado el sociólogo  Ulrich Beck y también su colega Anthony Giddens. Yuri, de algún modo, es producto de eso pero, por supuesto, él no lo sabe y cada día comienza a trabajar a las 6 pm “de lunes a lunes”.

– Como no tenía donde dormir, me quedaba por aquí mismo. Un día me senté allá abajo -y señala hacia el río- Vi que la alcantarilla era más o menos grande. Me metí para ver y no era tan incómoda. Estaba sucia. Busqué cartones y pasé mi primera noche. Ahora esta es mi casa.

¿Y qué hace cuando llueve? ¿No lo han atracado?

– Depende de si llueve mucho o poco. Cuando la lluvia es fuerte hay que salirse porque el agua se mete, claro. El catre no está en el suelo. Queda en el aire porque lo tengo sostenido con unos alambres fuertes. Lo que más cuido es mis libros. Cuando llueve mucho los tapo con un plástico. Nunca me han atracado y le tengo más miedo a los de PoliBaruta que una vez me dieron tres día para irme de aquí, pero no me han molestado más. Ellos lo que buscan es plata y saben que yo no tengo.

¿Qué lee?

– Lo que consiga. Historia, geografía. Me interesa eso de la corrupción de los Papas, en El Vaticano. ¿Tu crees en Dios?

¿Qué hará si lo desalojan?

– Seguiré viviendo…

Yuri tiene un discurso fluido. Sorprende la información que aporta de todos los libros que se ha leído en sus horas de ocio. No pudo terminar el bachillerato y la mala situación económica lo hizo deambular por muchos rincones hasta que llegó a Caracas. Dice que se siente “estable” y no cree que el gobierno lo ayude porque no tiene hijos chiquitos. “Mi familia está en Paraguaná. Mi mamá tiene su casa allá, pero yo no quiero ser un estorbo…”

“No culpo a nadie de mi situación, pero hubiese querido más oportunidades…”

– Aquí viven dos compañeros conmigo. El Indio y un canadiense que se vino a pié de allá de donde es él, de Ottawa…

Si pudiera hablar con el presidente Maduro ¿Qué le diría?

– Ay, Dios, con el Presidente? Noooo, él no hablaría con alguien como yo pero…Yo le diría que el sistema capitalista le va muy bien a Venezuela. Nosotros deberíamos ser como China. La economía china es la mejor del mundo y no necesitan de nadie.

La conversación ya llegaba a su fin. Además, Yuri debía trabajar y ya a esa hora la heladería estaba llena de carros.

¿Cuánto gana a diario?

– Entre 200 y 500 bolívares, depende de la generosidad de la gente. Yo no pido nada. Lo que me den lo acepto porque lo veo como un regalo de Dios. Sólo espero que nunca me saquen de aquí porque nosotros no le hacemos nada a nadie. Más bien cuidamos el sitio…

Esa tarde de domingo el río Guaire disimuló bastante sus malos olores y su arrullo acompañó la conversa.

– Vente la próxima semana y te preparo un café. Pero ven más temprano. Tráeme libros. ¿Tendrás ese del Triángulo de las Bermudas?…

¿Un café? ¿Le traigo café?

– Jajaja no, vale. Yo te preparo el café. Nosotros cocinamos allí…

Y nos despidió con una gran sonrisa…

Nos alejamos del sitio pensando en mil cosas. Se me vinieron a la memoria aquellos versos de Neruda:   “Cuando nací, pobreza, me seguiste, me mirabas a través de las tablas podridas por el profundo invierno (…) Las goteras, de noche, repetían tu nombre y tu apellido “

2014-01-25 17.44.12

Al menos a Yuri le queda cerca el trabajo aunque él no vive en un paraíso…

Hace poco le llevamos unos libros, pero no tengo ese del triángulo de Las Bermudas…

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